Primera | Real Madrid

De Funchal a encandilar a la grada de Old Trafford

El crack nació en un humilde suburbio de la isla de Madeira

Carlos Forjanes
Redactor sección Real Madrid
Nació en Madrid en 1982. Desempeña desde 2007 en AS las funciones de redactor primero en la sección de Fútbol y poco después en la del Real Madrid. En ella ha cubierto, entre otros torneos, tres finales de la Champions League. También forma parte del programa ‘Tres de Descuento’ en el Twitch de AS y presenta el espacio ‘Fútbol Sapiens’ en AStv.
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Los actuales días de vino, rosas y coches de lujo (posee un Bentley valorado en 225.000 euros) esconden el origen, tremendamente humilde, del Cristiano Ronaldo que ahora asombra al mundo y es el gran objeto de deseo del Real Madrid.

Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro (Funchal, 1985) vino al mundo en una modestísima vivienda del más modesto aún barrio de San Antonio, en Funchal, la capital de la isla portuguesa de Madeira. Cuarto y último hijo de Dinis (jardinero) y Dolores (cocinera), su nombre tiene historia. Mamá Dolores eligió el primero y el Ronaldo (poco común en Portugal), fue un lance del destino: su padre era un admirador del entonces presidente de EE UU Ronald Reagan y su capacidad para escalar hasta lo más alto siendo apenas un actor. Premonitorio. Porque su pequeño ha cambiado los destartalados muros de su barrio (un Villa Fiorito maradoniano a la portuguesa) por una urbanización de lujo en Cheshire y una mansión de cuatro millones de euros.

Por el camino, una meteórica ascensión al Olimpo del fútbol mundial. Todo empezó con nueve años en el modesto Andorinha ("golondrina"). De ahí enseguida había que volar a uno de los grandes de la isla: Marítimo o Nacional. En el último club jugó siete años el padrino de Cristiano, Fernao Sousa. "Aunque su padre prefería el Marítimo, más poderoso, estando yo tan ligado a Nacional, fue fácil imponerme y llevármelo allí", recuerda riendo Sousa.En Nacional tuvieron que domar un auténtico potro salvaje, un proyecto de futbolista creado en el asfalto. Su primer técnico, Pedro Mendonça, habla de un niño rebelde: "Quería hacerlo todo dentro del campo. Driblaba a todos los adversarios y llevaba el balón de una portería a la otra. Sólo paraba cuando metía un gol...".

El salto.

Pero el conjunto blanquinegro se le seguía quedando pequeño, más tras conquistar en 1996 el campeonato infantil de Madeira. Había que probar suerte en el continente, se dijeron los Aveiro. Sousa consiguió que el ojeador del Sporting de Lisboa, Aurelio Pereira, fuese a verle a Funchal. Encantado, Pereira le llevó a la academia de los leones lisboetas y allí no hubo lugar a dudas, había crack a los 11 años. Las pruebas de ingreso eran de de tres días y bastó con el primero. Firmó por un raquítico salario de 50 euros al mes.

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En Lisboa tardó poco en ganarse a la afición. Con 17 años Laszlo Boloni le hizo debutar en el primer equipo. Con doblete ante el Moreirense, dicho sea de paso. En un año Cristiano enamoró en la capital lusa hasta el punto de ganarse el apodo de El sexto violín, en relación a la mítica delantera blanquiverde de los años cincuenta, Los Cinco Violines (Correia, Vasques, Peyroteo, Travassos y Albano Pereira).

A Alex Ferguson, su siguiente conquista, le encandiló tras haber recibido ya calabazas del Liverpool (pese a que Houllier estaba loco por él) en el amistoso que inauguró el estadio de Alvalade en 2003 ante el Manchester. Una actuación de órdago que según la leyenda caló tan hondo en el club inglés que sus propios futbolistas pidieron el fichaje de ese chaval mágico de eléctricos regates. 18 millones de euros le llevaron a Inglaterra donde hoy hace diabluras en Old Trafford (27 goles en 29 partidos esta temporada) y se encamina recto a por el Balón de Oro 2008...

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