Multifútbol
El Madrid ganó al Villarreal y agranda a nueve puntos la distancia con el Barça, que pinchó en San Mamés. El Valencia prolonga su agonía con una derrota ante el Almería, que supera a los de Mestalla en la clasificación. Betis y Depor se dieron un respiro en una tarde para celebrar, porque volvió al césped el mago Valerón.


Koeman bacterio
Era cuestión de tiempo que Arizmendi, ese delantero desterrado al lateral, metiera una pifia gorda como la que propició el gol del Almería ayer. Quién ha visto y quién ve a Ronald Koeman, alquimista del banquillo que lo mismo coloca atrás a un ariete que juega con Joaquín de nueve puro. La hinchada valencianista se acuerda seguro de cuando el Tintín futbolista imponía su pausa a la defensa del Dream Team, sentido y organización en un equipo mágico que necesitaba, también, la dosis de ortodoxia que aportaba el holandés. Han cambiado los tiempos: Schuster, aquel medio peleado con el mundo, es hoy un entrenador-aprendiz de diplomático. Koeman, ex líbero sobrio, se convierte en el doctor Bacterio, experimentando alocadamente con un equipo fracturado que reclama, sobre todo, lógica y tranquilidad.
La banda es pequeña para Jonás y Varela
Duro trabajo el que se encontraron Reyes y Pernía en el ala zurda del Atlético, tanto como para que el sevillano (aunque esto no sea noticia) acabara en la calle. A Jonás y Varela, pura fuerza, todo pasión, la banda derecha de Son Moix se les suele quedar pequeña. Son los mallorquinistas dos futbolistas casi siameses, con vocación de extremos y realidad de laterales, dignos de ese apellido que tan poco gusta a los puristas: carrileros. Jonás y Varela rivalizan en cortar balones atrás, en lanzarse al ataque, en chutar y/o poner balones desde la línea de fondo. Tanta y tan imponente es su presencia que, en muchas ocasiones, uno de ellos se ve obligado a emigrar hacia el centro.
Marcelino llena el Sardinero
Cuando Tchité empató, en el descuento, ni una alma se había movido de las gradas de El Sardinero, ésas que el buen fútbol de Marcelino ha acabado por llenar. Lo tienen los equipos buenos, que inspiran confianza y con un gesto reactivan la esperanza de una afición, la racinguista, que no sólo ha aumentado en número, también ha cambiado su fisonomía. Lejos quedaron leyendas de resignación, de conformarse con pequeñas gestas de club modesto. A tiro de las semifinales de Copa, en puesto UEFA, Cantabria sueña embarcada en el empeño de su gran técnico, capaz en pocos meses de modificar hasta el espíritu histórico de su hinchada.
De nuevo apareció la magia del Bernabéu
Ella no quería visitar La Cibeles ni el Prado. Había crecido delante de un televisor polaco, repleto de propaganda gubernamental, con documentales en los que España era el Madrid y su museo, el Bernabéu. Así que la llevé a hacer el tour del estadio, aunque el ritmo de su corazón, vacío, pareciera el de un ciclista durmiente. Y ella se quedó otra semana para irse a disfrutar de un partidazo, el Madrid-Villarreal. Entonces fue cuando de verdad entendió lo que de especial tiene ese teatro donde corre la pelota y los actores casi siempre se han aprendido bien los papeles: el Madrid gana, el visitante debe perder. Y cuando el encuentro acababa y el frío helaba los huesos, cuando casi todo era sombra en Chamartín, allá en el fondo norte había nacido otra madridista. Nada menos que otra madridista, como tantas y tantos que han dado vida al coliseo blanco en sus gloriosos 60 años.
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El personaje: Valerón
Si estás atravesando un infierno, sigue caminando�, formuló en su día el a menudo genial Winston Churchill. La frase del estadista británico nos sirve para ilustrar el regreso de un jugador que llegó incluso a plantearse la retirada, pero que no ha parado de dar pasos adelante en el empeño por superar un calvario con el cruzado, esa epidemia de rodillas que tantas carreras futbolísticas se lleva por delante. Valerón volvió al césped por fin. Un año después añorábamos su sonrisa de santo, su vocecilla adolescente en las ruedas de Prensa, su falta de malas palabras... Y, sobre todo, la suavidad de sus regates, la precisión en el pase, la fina elegancia con la que conduce el balón. 133 días llevaba la grada de Riazor sin conocer una victoria y pasaba de 365 sin disfrutar del futbolista español, con permiso de Guti, que más clase atesora en su generación. Las malas noticias no llegan solas, y las buenas tampoco: por eso, el día de la vuelta del mago canario, ganó también el Depor. Y fueron dos victorias vde una sola vez.



