Pucela sufre el efecto Valerón
El Depor ganó en casa tras cuatro meses. Primera derrota del Valladolid en 2008. Fiesta en la vuelta del Flaco. Asenjo fue expulsado y Víctor marcó


El Deportivo tuvo más motivos de celebración ayer que en las 20 jornadas precedentes. El Valladolid, lanzado y enorme en este 2008, casi asistió de invitado a la fiesta que se vivió en Riazor. Y es que ayer los coruñeses pusieron fin a una racha de cuatro meses consecutivos sin ganar en casa; acortaron tres puntos con el descenso y la salvación está ahora a sólo dos; Lotina salvó el cuello; Fabricio cumplió y minimizó los efectos de la crisis de los porteros; pero sobre todo, volvió Valerón tras un año en el dique seco.
La tarde ya empezó bien para los locales con el ambiente en las gradas. La afición respondió y el semidesértico Riazor mostró un aspecto digno, pero sobre todo olvidó los pañuelos y se volcó con su equipo. Los buenos augurios para los blanquiazules se convirtieron en hechos en el minuto 7, cuando Lopo, que también reaparecía tras cuatro meses, remachaba con garra en el área pequeña un balón muerto tras un córner.
Con el partido de cara, al Deportivo le tocaba cumplir atrás, y ahí acertó de pleno Lotina con su nuevo planteamiento de tres centrales (al César, lo que es del César). Los de Mendilibar intentaban abrir el campo para sacar de sitio a Coloccini y Lopo, pero ni Sisi ni Capdevila terminaban de desbordar. Los pucelanos tocaban, peleaban, pero todas sus ideas terminaban chocando con De Guzman, Pablo Amo, Antonio Tomás y compañía.
El pistolero Llorente, cómo trabaja este futbolista, no pudo rematar entre los tres palos hasta el minuto 44, cinco más tarde de un lejano disparo de Vivar Dorado, que fue el primer tiro de los de Mendilibar. Fabricio respondió bien en ambas ocasiones y nadie echó de menos a Aouate (sentado en el palco) y Munúa (al que no se le vio por Riazor).
El inicio del segundo tiempo fue la clara demostración de que cuando uno tiene el día... Hace una semana, Llorente rompía registros marcando el gol más rápido de la Liga. Ayer, unos 20 segundos después de sacar de centro, Xisco marcaba a placer, tras remate de Guardado, y ponía punto y final al partido. Bueno, más que al partido (todavía sucedieron muchas cosas), a la incógnita de quién se iba a llevar los tres puntos.
Con la grada entregada, parecía que sólo Mendilibar y sus once guerreros creían en la remontada. El técnico realizó cambios muy ofensivos buscando el milagro. Primero tiró de Ogbeche y luego sacó a Óscar Sánchez y lo situó de lateral izquierdo. El Valladolid se hizo dueño del partido, pero el Deportivo estaba cómodo en esa situación. Los de Lotina buscaban una contra para redondear la tarde mientras la grada seguía disfrutando. ¡Valerón, Valerón! Ése fue el atronador cántico que se oyó en Riazor cuando el Flaco salió a calentar. Su presencia, como hace un año ante el Real Madrid, bastó ayer para levantar a una afición y a un equipo. Y algunos aún se extrañan de que lo llamen El Cid.
Tres minutos de locura. El partido iba y volvía, pero en tres minutos quedó claro que no viajaría a Pucela. En el 72' un excelente contraataque, adornado con un gran movimiento y pase de Riki, fue remachado con clase por Guardado. El Principito ha vuelto. Por lo visto ayer, su poder y peligro se multiplica con este nuevo sistema que le otorga mayor libertad de movimientos. Su compromiso y entrega, como siempre: total.
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En el 74' fue el turno de Sergio Asenjo, que ayer vivió una pesadilla. Salida desesperada, segunda amarilla, expulsión... y Óscar Sánchez de portero. Un minuto después, estalló Riazor con el regreso de Valerón. Quince minutos en el campo, quince minutos para soñar y un caño de lujo. Bienvenido.
El tramo final fue el fin de fiesta, pero también la demostración de que este Valladolid está hecho de buena madera. Con uno menos y un 3-0 en el marcador, los de Mendilibar pelearon como si los puntos estuviesen de verdad en juego. El premio fue el gol, cómo no, del especialista Víctor. A casta, al menos, el Valladolid sí empató.



