Una hinchada bajo la lona
Los aficionados de Costa de Marfil han levantado un campamento en las afueras de Takoradi

Las paradojas de la historia han hecho que el grupo de la muerte, compuesto por Mali, Nigeria, Benin y Costa de Marfil, cuatro países muy señalados durante la trata de negros, haya venido a parar a la Costa de Oro, en su día uno de los focos principales de aquel detestable negocio. Los alrededores son hermosos y estremece pensar que un lugar así haya podido mancillarse con unos actos tan ignominiosos como la esclavitud.
Uno juraría que huele a catinga, a piel negra apelmazada y sometida. Pero seguro que es aprensión y el hedor, persistente, proviene de la mezcla de salitre y las deyecciones humanas adheridas a las rocas que jalonan una playa convertida en algunos tramos en escombrera.
Es frecuente encontrar en la zona hoteles y resorts de lujo. Pero la mayoría de los aficionados no se los pueden permitir. Así que los beninenses, malianos y marfileños, que en número de miles han venido a Takoradi y Sekondi, se buscan la vida como pueden. Los marfileños, por ejemplo, han alzado una auténtica ciudad de lona para dar cobijo a los hinchas con menos posibles, justo en la bifurcación que separa las ciudades de Takoradi y Sekondi.
Aquí cuesta conciliar el sueño de noche. Aunque uno se meta en el Policlínico, un albergue gratuito. Ahora cobran la cama a 2.000 francos cefas, seis euros, pero es imposible hallar una plaza libre cuando el cuerpo cae rendido por los cánticos, los gritos y el baile.
Orden femenino.
Las seguidoras femeninas son legión y están mucho más organizadas que los hombres. Un ejemplo es el grupo de la AFESCI (Asociación de Hinchas Femeninas de Costa de Marfil) de Abidján, con su presidenta Wataga a la cabeza. Tanto ella como Antoinette, Lucie y el resto han dejado de lado hijos, amantes, maridos, negocios y demás menesteres para recorrer en autobús los 800 kilómetros que hay entre Abidján y Takoradi para animar a Drogba, Yaya Touré y compañía. No las pesa. En el campamento, gracias a los 50.000 francos cefas que han pagado (unos 60 euros) disponen de todo: café, cama, comida y compañía.
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El asentamiento se alza sobre una explanada de unos 1.000 metros cuadrados, cedidos gratuitamente por el gobierno de Ghana. Al entrar, unas azafatas improvisadas te sorprenden con un delicioso café. Hay actuaciones en directo y tertulias de fútbol en cualquiera de los bares donde se puede degustar hasta la saciedad las especialidades de la cocina marfileña: fufu, diferentes salsas de cacahuete, okra, ñame, y malanga hervida para acompañar al pescado y al pollo aderezados con aceite de palma.
Todo está en función del fútbol. Mejor dicho, de los Elefantes. Hay pasión, pero también tiempo para el análisis. Antoinette, dueña de un restaurante en Abidján, opina que la primera parte del Costa de Marfil-Nigeria fue soporífera. La bella Silvye suspira por que el goleador Drogba tuviese la deferencia de visitar el campeonato. "Sería la mejor manera de poner la guinda a unas jornadas francamente inolvidables".



