Dos hombres sin piedad
Oliveira y Milito revientan al Murcia. Los granas regalaron atrás y caen al descenso. El Zaragoza lo mató al contraataque. Iván Alonso acortó en el 92'

En algún momento del primer tiempo dio la impresión de que Arzo debería rendir él solo al Zaragoza, que a esas horas andaba buscándose la identidad. Los cambios de regencia pueden desembocar en pasajera indefinición. Porque por un lado están los mecanismos, por otro los vicios y más allá las ganas y los nuevos conceptos, que han de hacerse sitio y equilibrio para ganar el favor del consciente y el subconsciente, que son muy suyos. Arzo venía descolgando balones de todos los relojes, mezclaba posiciones en el fondo, subía abajo y bajaba arriba; un codo, una disputa, un cruce... Entonces escapó García por la derecha, a pase huidizo de Diego Milito. Dos persiguieron la estela de su coleta fulgurante y Sergio cruzó para la imposible llegada de Oliveira. De Coz se dispuso al corte, sin apuro ni molestias. Era tan sencillo... Pero amigo, la psicomotricidad ante 30.000 y con Oliveira al acecho no es moco de pavo. El lateral dibujó una quijotesca pataleta en el aire y el balón le pasó entre las piernas. Oliveira, guapo de gomina, armó la zurda y cobró el gol.
Ese tanto, pasada la esquina inquieta de la media hora, desanudó al Murcia y reunió las condiciones para un partido diferente. El Murcia había hecho un aseado primer tiempo, en el que tuvo los espacios y la pelota frente a un Zaragoza recreado en las dudas hasta el gol o el intermedio. La vincha de Pablo García manejó el medio. El uruguayo es un jugador territorial, con un porte falsamente cargado que al natural gana en prestancia. Pablo García no admite las tibiezas ni las frases a medias, así que gobierna a voces y en silencio. Por delante de su caudillo, Alcaraz reunió tres medias puntas que apenas se encontraron entre sí ni con Baiano. Al Murcia le faltó siempre advertencia arriba. Mejía tuvo el 0-1 en un cabezazo franco. Un error crítico.
Ese tramo, en que el Zaragoza se enfrentó al meticuloso Murcia de Alcaraz y a sus turbaciones internas, retrató a un equipo herido. Pero el Murcia llegó arriba con una frecuencia bajísima y no encontró forma de desabrocharle la portería a César. Diogo y Ayala compensaron el lastimoso primer tiempo de Sergio y otros. Con el gol y el descanso, el Zaragoza ganó compostura. Su guerra se libra en la retaguardia. La corrección defensiva supone una necesaria apelación a la lógica, porque ningún equipo con semejante trío de punta debería incurrir en estados carenciales. Habrá que dar fe de la pretendida mejora contra algún equipo más puntiaguado que el Murcia, pero vamos... diez partidos y un técnico después, la cosa no está para dispendios ideológicos.
Lo sabe bien Garitano, que incorpora en la tranquila aspereza de su gesto un rasgo inequívoco de pragmatismo. Su Zaragoza se quiere apretar más y matar al contraataque. Lo de ayer tuvo aroma de plan, de perfil deliberado. En cuanto los medios dieron un paso adelante (estupendo Luccin, creciente Zapater), el trío de la bencina deshizo al Murcia. Ayala se aproximó con un remate al larguero; luego probaron Diego y Oliveira. El partido, generoso en aburrimiento en la primera mitad, había dado un acelerón en los pies del Zaragoza.
El Murcia, por el contrario, entró en un agudo decaimiento. El debut de Rosinei (luego lo haría Dani Aquino) repartió impresiones confusas: puso recorrido y desorden, más un criterio riesgoso con la pelota. Milito le quitó una en el medio, territorio comanche, que casi pasaporta Oliveira. En la siguiente robó otra Zapater y la enroscó en un delicado pase a la espalda de Mejía, que salió malparado. Con ella, Diego Milito rebasó por afuera a Notario y la empujó al gol con la cara interna del pie. Más tarde el argentino apareció por el flanco opuesto -la generosidad y precisión de su despliegue resultan asombrosos- y licuó un pase de Sergio García en el 3-0.
Iván Alonso descontaría en el alargue, cuando los relojes ya no marcaban la hora. El Murcia se había perdido en la niebla y a última hora de la tarde aparecería en los puestos de descenso. El Zaragoza sacó el pijama y se puso cómodo en el purgatorio. Que aun existe... gracias a Dios.
Noticias relacionadas
El detalle. La Romareda aplaudió a 'Movi'
José María Movilla fue recibido con aplausos cuando se leyó su nombre por megafonía en la alineación del Murcia, y aún se llevó una ovación mayor cuando Lucas Alcaraz decidió retirarlo para que entrase Rosinei, en el minuto 58. Movi regresaba al campo en el que jugó durante las últimas cuatro temporadas y hasta se coreó el "illa, illa, illa, Movilla maravilla".




