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La felicidad está muy cara

Copa del Rey | Real Zaragoza 1 - Racing 1

La felicidad está muy cara

La felicidad está muy cara

El Zaragoza se complica la vida. Volvió a quedarse a medias y cedió un peligroso empate. Oliveira hizo el 1-0 y falló otro. Sergio y Luis Fernández, expulsados

El Racing se llevó de La Romareda una ventaja real, la del gol de Garay de penalti y su doble valor en la Copa; y otra psicológica casi igual de importante: volvió a demostrar que de algún modo le tiene tomada la medida al Zaragoza. Como ya hizo en el partido de Liga, salió de La Romareda con un empate bajo el brazo, después de aguantar y recuperarse de la única ráfaga de juego aragonesa, media hora de la primera mitad inspirada por el metrónomo de Celades y que coronó Oliveira con otro gol. Esta vez una falta tirada con picardía perra. Luego se perdería el tanto de la sentencia antes del empate definitivo. El Racing repartió por el encuentro su teoría de la contención sutil: amenazó poco arriba y tampoco se sintió tocado en su propia área.

Pero si alguien dibujó una pasajera superioridad fue el Zaragoza en el primer tiempo. No le bastó, desde luego. Ni supo darle la continuidad necesaria. El Racing hizo bien lo suyo. Le construyó un dique al rival con su orden y al Zaragoza le costó corromper esa posición tan bien concebida y ejecutada. Cuando Sergio arrolló a Óscar Serrano en un contraataque -queriendo o sin querer- Garay cobró el premio. El Racing tenía lo que quería. El Zaragoza ya se había salido de la vía con los cambios de Celades y Diego Milito, aunque D'Alessandro promovió un par de escaramuzas de las suyas. Oliveira tuvo la mejor frente a Coltorti, pero el portero compensó el regalo de su barrera en el gol local y se quedó la pelota. Y media eliminatoria.

El partido se resumió a sí mismo todo lo que pudo. Es decir, que lo importante ocurrió de forma condensada, sobre todo al principio: un tiro de Pablo Álvarez que rechazaron entre López Vallejo y su poste, sobre todo su poste, un par de pitidos del público mientras el Zaragoza se despertaba de la caraja. Luego, dos balones de Diego para que Oliveira hiciera puntería. El primero lo tocó cortito y se le marchó al lado del palo izquierdo de Coltorti, portero con uno de los nombres menos mercadotécnicos que uno haya visto. Ahora no pasa nada, y menos en un equipo estable como el Racing, pero en tiempos de Florentino este chico no hubiera podido entrar en la Liga sin cambiarse el nick. Luego, Oliveira recibió al borde del área y dibujó una maniobra encantadora: amago con el cuerpo de actor, toque afuera para acomodarse y un tiro mediano que Coltarti contuvo sobre su lomo izquierdo. Coltarti quería hacerse un nombre en el partido.

Falta pícara. Pero antes lo manchó. Fue en una falta al borde del área que el Racing discutió cuanto pudo. Tanto que su barrera se quedó en el limbo. Oliveira tiró uno de esos libres que le gustaban al Toro Acuña, arrastrados por el suelo. Los chicos del muro saltaron por costumbre y el balón pasó por abajo. Para cuando Coltarti quiso, ya estaba desairado. Con el 1-0 la actividad decayó, salvo por las agitaciones de Álvarez Izquierdo. Fue un encuentro sin estridencias, muy del gusto del Racing, que sobrevivió a la nostalgia de Munitis. El Zaragoza jugó según los biorritmos de Celades, que dispone ese fútbol intemporal que tanto nos gusta y tan poco se lleva. Atrás mandó Ayala. Ayala es como los osos: cada vez que sale de la cueva pega un zarpazo. Pero mordisquea las canillas con la velocidad de una ardilla y Álvarez Izquierdo es árbitro de ojo vago. Por eso le dedicó sus primeras tarjetas a asuntos menores. A Diogo por voltear un poco a Óscar Serrano. Antes habían tenido un pleito que el colegiado pasó por alto. El uruguayo, que es reñidor, le dijo al árbitro mire usted, y si algo no soportan los árbitros es que nadie les dirija la palabra. Parecen todos hijos de una familia agraviada. El caso es que Ayala, que firmó un par de autógrafos en carne rival, salió limpio como un señor.

El Zaragoza bajó en juego y creció en impotencia. Ya no pudo corromper el orden cartesiano y sutil del Racing. A cambio, había tenido la relativa tranquilidad de no sentirse muy amenazado. Víctor refrescó a su equipo con Zapater y D'Alessandro por Diego y Celades. Cambios de interpretación muy variable. A uno le parecieron críticos, aunque muy considerados con el calendario y el estado físico de los que se fueron. En el Racing entró Colsa y la cosa se puso seria en el eje: Zapater, Luccin y Gabi. García y D'Alessandro por afuera. Oliveira solo arriba. En su aparición, D'Alessandro convocó una pitada y enseguida el reverso, un aplauso. Había convocado a dos defensas en el lateral del área; los embrujó y puso atrás un balón de medio gol que Oliveira no acertó a encajonar en la red. El brasileño perdió después contra Coltarti la definitiva. Coltarti se había hecho un nombre.

Hasta el gol de penalti, el Racing había jugado medio partido. Hay entrenadores que se conforman con eso, dijo Víctor Fernández una vez, sin señalar. Y con un resultado como éste, Marcelino estará entre ellos seguro. Su orden constante había sido ésta: tranquilidad. Casi una forma de ser. En un torneo como la Copa, el Racing va a ser un contrario difícil de derribar, porque estamos ante un equipo tiempista, que maneja los hilos intermedios del partido con verdadera destreza.