Primera | Decimoctava jornada

Multifútbol

Ganaron Real Madrid y Barça, con lo que los blancos mantienen los siete puntos de ventaja gracias a las paradas de su santo de guardia, Casillas. Atlético y Espanyol resisten el paso de Champions, y se aleja de Europa ese Valencia desquiciado. El Sevilla pasó por encima del Betis en el derbi hispalense.

José A. Espina
Jefe de Sección en la Delegación de Andalucía
Jefe de Sección de Diario AS en Andalucía. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla. Pegando teclazos desde 1998, durante toda una década en Madrid (2000-2010). Sevilla, Betis, Selección española y lo que se ponga por delante. Loco por el fútbol, guarda un poco de esa pasión para su otro deporte favorito, el tenis.
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El personaje. Casillas

Alfredo Di Stéfano dio clases sobre el césped como todocampista, y luego ha extendido su sabiduría futbolística mediante la palabra, aderezada con un poco de guasa porteña. Reinterpretó muchos capítulos del fútbol. Una de sus mejores perlas iba dirigida directamente a los guardametas: �A los porteros no les pido que paren las pelotas que van dentro. Sólo que no se metan las que van fuera�. Un cancerbero así hubieran celebrado Oliveira y Milito, últimos mártires de ese Iker al que, si le quedaba algún detractor, anoche se lo quitó de encima para una buena temporada. Y Di Stéfano sonrió, quizá, pensando en que habría de reinventar su afirmación en estos tiempos de superportero madridista. Décadas más tarde de la frase de La Saeta, Casillas le da la vuelta, la convierte casi en una ficción. Iker es un portero que no sólo para las que van a puerta; también detiene aquellas que con cualquier otro ser humano bajo los palos del Madrid acabarían, seguro, en la red local del Bernabéu.

Agüero sentenció más que un partido

Llevaba Agüero dos meses sin marcar y las dudas, que asaltaron la pasada temporada su estreno en Primera, se cebaban de nuevo con él. ¿Es tan bueno?, se había preguntado estos días algún sabio. No hay paciencia ni con los que se la ganaron, como este chico que decide partidos sin haber cumplido los 20 aún. La pelota corre rápido sobre el césped, pero se vuelve supersónica fuera de él, no existe la pausa en un deporte cargado de márketing y exigencias. En Riazor, el Kun marcó una perla de gol, de esos que, más que sentenciar el partido, sentencian la calidad de un futbolista que salvo desastre será crack mundial en muy poco tiempo. No más dudas, por favor.

Cuando el racismo pasa a la psicosis

Ramírez Domínguez consiguió en Mallorca la cuadratura del círculo de espantos arbitrales. Esta gente ya no se conforma con inventarse penaltis, rojas o insultos. En Son Moix, el árbitro andaluz pretendió escuchar gritos racistas en una grada que lo único que hacía era reclamar la presencia de uno de sus delanteros del banquillo. Los mallorquinistas cantaban "Trejo, Trejo, Trejo" y en ese momento Rijkaard decidió cambiar al africano Yayá Touré. Por la mente de Ramírez pasó la palabra "Negro", asociación tan lógica como absolutamente equivocada. Así lo reflejó en su acta. ¿Tanto cuesta preguntar? Ver fantasmas, escuchar cosas raras o mirarse el ombligo: es pura psicosis.

Riera y su erasmus

Le han crecido los hombros y el pecho y exhibe una planta que asusta, de futbolista hecho y derecho. Pero más le ha crecido el juego a Riera, que volvió a firmar un partido de campanillas en la goleada al Villarreal y, ya no es digno de noticia, nos olvidamos de él para el dandy o el crack (Tamudo, justamente) porque nos hemos acostumbrado a que lo haga bien, perfecto a veces. A años luz de distancia parecen haber quedado las tribulaciones de aquel mallorquín tirillas y polémico, carne de cesiones que acabarían, creíamos, por diluir el jugador grande que llevaba dentro. Pero no. Con el extremo zurdo, más que nacer, ha crecido una estrella. Cuánto bien le provocaron a Riera sus Erasmus en Inglaterra y Francia. Igual, si mandáramos al extranjero a muchos otros jugadores-promesa, la Selección se convertiría en imparable.

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Un derbi como los de antes, salvo undiano

Todo aquel que haya vivido a la sombra de La Giralda sabe que, hasta mediados de los 90, la rivalidad de los derbis sevillanos era mucho más sana que en los tiempos recientes, repletos de cafres, lunas rotas, botellas desde la grada y bengalas inoportunas. Desafortunadamente, ha tenido que ser una desgracia como la de Antonio Puerta la que rescate aquellos tiempos de cordialidad en que los enfrentamientos eran sólo dialécticos, casi no pasaban de bromas antes y después del partido. Ayer, el Pizjuán vivió un encuentro con roces, goles y tarascadas, pero la tensión no saltó del césped al palco, ni tampoco a la grada. El Sevilla hizo cumplir la lógica del fútbol y pasó por encima de un Betis asustadizo. Lástima que Undiano no acompañara, pues se tragó el gol con el brazo de Luis Fabiano.

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