Primera | Real Madrid 2 - Zaragoza 0

Las manos de Dios

Un Casillas prodigioso detuvo a un gran Zaragoza. Robinho remató después con una asistencia y un gol. El buen juego visitante quedó sin premio.

<b>AYALA SE MULTIPLICÓ</b> El central argentino tuvo mucho trabajo en el partido de anoche para tapar los remates de Van Nistelrooy y Raúl. Ayala se empleó sin miramientos con ambos, como queda probado en la imagen superior, aunque no se libró de la tarjeta amarilla: la vio en el minuto 70 por una fuerte entrada a Robinho.
Actualizado a

En el último segundo del partido, casi sobre el pitido final, Casillas se lanzó hacia su derecha, trazando un vuelo en arco que terminó en la base del poste, donde impactaron a cien por hora sus guantes y el balón. Allí, en ese lugar donde no suelen alcanzar los porteros, nos recordó su absoluta importancia en el partido, su responsabilidad total en la victoria del Real Madrid. Sí, como tenemos memoria de sardina, para explicar lo sucedido pensábamos hablar de la suerte, de la buena y de la mala, olvidando los cien milagros de Casillas o acostumbrados a ellos, igual que te acostumbras a las guapas que te hacen caso, pocas.

Esa parada a lanzamiento de falta, la última de una serie fabulosa, terminó por rendir a todos cuantos observaban. Los compañeros le abrazaron y le gastaron bromas, pero luego pidieron paso los jugadores del Zaragoza, aún con las heridas abiertas, y después Víctor Fernández, y hasta Iturralde le dedicó un efusivo apretón de manos. Lo sorprendente es que todos sonreían, los agraviados y el árbitro justiciero, contentos, de un modo u otro, por el magnífico partido del portero.

Esa conquista de los afectos es uno de sus méritos menos comentados. Casillas ha conseguido ser estrella sin enemistarse con nadie, ejerciendo, muy al contrario, una asombrosa seducción deportiva y personal de la que sólo se han librado históricamente Florentino Pérez y los votantes del Balón de Oro y el FIFA World Player.

Esas facultades prodigiosas para detener balones y recelos se entenderían mejor si Casillas fuera rematadamente feo o desafortunado en los amores, o víctima de alguna desgracia novelesca. Hasta Buffon, su única oposición entre los porteros del mundo, paga su talento con un nombre burlón.

Casillas lo tiene todo, y si todavía no existe unanimidad internacional para reconocerlo, debe ser porque hay quien aún espera un éxito extraordinario con la Selección, un destino que no le pertenece por completo.

En el Madrid, sin embargo, hace ya muchos años que sus manos son las manos de ese dios que en semanas como esta creemos socio de preferente. El Zaragoza puede lamentar a estas horas su infortunio, el esfuerzo sin premio y el buen fútbol sin recompensa. Tiene razones para quejarse y no le negaremos ninguna. Pero a excepción de un chutazo de Oliveira que se estrelló contra el poste, e igual que salió fuera pudo haber viajado dentro, el resto de los remates se encontraron tozudamente con Casillas, su pierna, su brazo, la rodilla y la yema del dedo corazón. El problema del Zaragoza no fue tanto el acierto como el enemigo, Casillas y su ángel.

Frente a otro portero, no digo malo, sino humano, es fácil que el Zaragoza hubiera llegado al descanso con dos goles de ventaja y al final con tres. Pero Casillas existe y juega en el único equipo que es capaz de salvar la vida y, acto seguido, hundir la tuya. Entonces es cuando salen Robinho y los otros.

Inicio.

No es por buscar escapatorias, pero es difícil saber hasta qué punto condicionó al Madrid la lesión de Heinze en el minuto 14. Su influencia ha dejado de ser táctica o futbolística para convertirse en espiritual. Más que un defensa, es un jefe, un guía, algo así como un Moisés con pistola. Su retirada, suplida en el campo por Torres y en el dibujo por Ramos, dejó al Madrid sin referente atrás. Y ya faltaba Pepe.

Añadamos a eso que el centro del campo que forman Sneijder, Diarra y Baptista se ha demostrado apto para un determinado tipo de partido (San Mamés, Camp Nou) que exige más acción que reflexión. Cuando el rival espera y mide ellos no encuentran caminos. Y ayer resultó evidente.

Bastó un Zaragoza bien plantado para que se levantara un muro entre el mediocampo y la delantera del Madrid. Me corrijo, no sólo bastó eso: también fue imprescindible que los jugadores del Zaragoza estuvieran a la altura de su nombre y de su cartel, y nadie falló en ese sentido. Durante mucho rato, el equipo dejó el empaque de esos pocos visitantes ilustres que se han permitido el lujo de bailar al anfitrión en el Bernabéu, de freírlo a disparos.

Oliveira, Luccin, Milito y Sergio García probaron a Casillas desde lejos, y no lo hicieron con tiros convencionales, sino con auténticos cañonazos. Después lo examinaron de cerca. Zapater, por ejemplo, rajó por el centro la defensa del Madrid con un pase que dejó a Milito solo. Casillas despejó su remate con una pierna que saltó como el muelle de una cama. Al filo de la media hora, el Zaragoza doblaba al rival en tiros a puerta (4/8) y triplicaba su peligro.

La única contestación loable del Madrid llegó en forma de contragolpe a una de tantas incursiones del rival. Baptista tomó el balón en campo propio y en él fueron rebotando cuantos defensas le asaltaron en su carrera. De ser verde hubiera sido Hulk. Robinho, medio ausente durante la primera parte, no culminó la proeza.

La segunda mitad no cambió nada. Ni siquiera la entrada de Guti a los nueve minutos sirvió para alterar la situación, aunque el Madrid mejoró levemente. Digamos que esta vez se notó más su capacidad de mando (algo de lo que carecen el resto de mediocampistas) que su talento.

Casillas siguió a lo suyo. Diogo, al que se notaba muy interesado, cabeceó a placer un saque de esquina, potente y picado. El portero rechazó con reflejos de leopardo. Esa acción nos dio pistas sobre el desenlace final, pero lo que confirmó los augurios fue el remate de Oliveira al poste. Entonces, cuando lo lógico hubiera sido rendirse, alguien dijo que este partido lo ganaba el Madrid y nadie fue capaz de llevarle la contraria. Así suele ser.

Reacción.

Robinho, hasta entonces extraviado, se encontró en la banda derecha y decidió encarar a Juanfran, lo que resultaba una verdadera novedad. Le burló con un autopase largo y por ese agujero se rasgó lo que hasta entonces parecía la cubierta del Titanic. Robinho levantó la mirada y centró a la cabeza del gran Van Nistelrooy, que tiene cuello de jirafa y el tranco similar. Gol. Historia. Destino. Madrid.

Ningún jugador del Zaragoza rompió a llorar, y se hubiera entendido. En su honor hay que reseñar que el equipo continuó peleando y rozó el empate con una acción que desbarató Marcelo en boca de gol.

Poco después, el Zaragoza no pudo impedir el contragolpe. Robinho galopó hacia el área, hasta donde reculó Ayala, vigilando al balón y a Van Nistelrooy. Finalmente, ni el defensa pudo evitar el disparo ni el portero el gol, el segundo.

Nos preparábamos para rendir honores a Robinho cuando Casillas nos recordó con su última parada el principio de la historia: el Madrid nace en sus manos y acaba en otros pies.

Noticias relacionadas

Estreno de los marcadores

Los nuevos videomarcadores que se estrenaron en el partido de ayer en el Bernabéu dieron buena suerte al Madrid, que a pesar de los apuros acabó derrotando al Zaragoza. Curiosamente, en la prueba de funcionamiento que hizo la empresa instaladora durante la semana pasada estuvieron a punto de clavar el resultado, ya que el que salía era 2-1.

Te recomendamos en Más Fútbol

Productos recomendados