Aguirre juega con los enfados

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El riesgo de partidos como el de ayer para equipos como el Atlético es el estado anímico de sus futbolistas. Me explico. Cuando un jugador no habitual se ve siempre en la alineación de los encuentros en los que hay poco que ganar y mucho que perder se siente suplente, suplente sin remedio. Por eso, el supuesto examen o prueba para evaluar su rendimiento suele ser muy engañoso. En este Atlético, sorprendentemente, hay pocos jugadores que se sienten suplentes sin remedio. Alguno hay, pero son los menos. El partido con el Granada 74 fue malo, normal si se tiene en cuenta que se escuchaba más la megafonía que el rumor del público, pero fue serio por parte de las huestes rojiblancas. Y lo mejor es que están sin problemas en la siguiente ronda.
Cléber Santana ya no se siente al margen. La marcha de Maniche le abre la puerta, pero hace semanas que cada vez que sale aporta solidez. No zozobra en ningún momento y crece partido a partido. Reyes se implicó, sacudió el partido en la segunda parte con varias internadas. Tanto el utrerano, como Luis García (ayer muy desacertado), Simao e incluso Maxi tienen la mosca detrás de la oreja. Ninguno de los cuatro se siente fijo y eso es mérito de Aguirre. El Vasco juega con el enfado de cada uno. Observen como cuando uno de ellos juega salta al campo crispado, con ganas de agradar. Ésa es otra manera de aumentar el rendimiento del equipo desde el banquillo. Que dirigir no es sólo hacer trotar a los jugadores por el campo de entrenamiento.



