Primera | Cristiano Ronaldo

El 'siete' que ha cogido el testigo de Best y Beckham

Estrella tras una difícil adaptación

Guillem Balagué
Redacción de AS
Actualizado a

Cuando Cristiano Ronaldo dejó Madeira para probar, junto con otros ocho chavales, por el Sporting de Lisboa tuvo que coger su primer avión en solitario. El extremo aterrizó entre lágrimas en la capital: había llegado a otro planeta. Nadie entendía su acento isleño, él no entendía a nadie y el ruido y el tráfico de Lisboa se le hacía infernales. Se pasaba los días comprando tarjetas de teléfono para hablar con su familia. Mourinho sabía de sus inicios complicados y le llegó a llamar "analfabeto". Pero cuando entró en la familia del Manchester en 2003, Ferguson le protegió: "Estará a la altura de Best".

La temporada pasada consiguió ser, al mismo tiempo y por primera vez en 20 años, el jugador del año para sus colegas y la prensa. El curso había empezado con la satanización de Ronaldo al descubrirse su guiño al banquillo portugués tras la expulsión de Rooney en Alemania. El portugués, que ya había ganado una Copa y una Copa de la Liga desde su llegada al United y había alcanzado una final de la Eurocopa con Portugal en el 2004 y las semifinales de aquel Mundial, decidió no fichar por el Madrid y poco después renovó su contrato con el United. Aquel fue un año extraordinario: sus 23 tantos ayudaron al United a hacerse con el título.

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Ya nadie se ríe de las comparaciones con Best y Beckham. Tiene Ronaldo muchos de los atributos del genial norirlandés, principalmente la capacidad de asistir y marcar. Su fútbol es cada vez más simple, como siempre le exigieron Gary Neville y Ferguson.

El único Ronaldo que hoy cuenta, Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro, recibió ese nombre en homenaje a Ronald Reagan al nacer en febrero de 1985, el más joven de cuatro hermanos. En Funchal ya jugaba, desde los ocho años, con niños mayores que él en el Andorinha, en donde su padre, alcohólico y ya fallecido, José Dinos Aveiro, era el utillero. Solamente a dos personas se les pasó inadvertido el talento de Ronaldo. El entrenador del Marítimo se olvidó que había quedado con su colega en el Andorinha para hablar de Ronaldo y el jugador acabó fichando por el rival en Madeira, el Nacional. En el verano del 2003, Gerard Houllier, mánager del Liverpool, decidió no hacerse con los servicios de Ronaldo. Ferguson, tras ver como el Sporting batía al Manchester en un amistoso por 3-1, se decidió... y acertó.

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