Rubiato, goleador del filial, pide paso: 10 tantos en 16 partidos
Aguirre ya le conoce de Osasuna

El gol en el Atlético B tiene un nombre, Borja Rubiato (Madrid, 1984), o dos, Roberto Batres (Madrid, 1986). Hasta que Batres se rompiera el ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha, hace dos semanas, eran la segunda pareja que más goles marcaba en Segunda B, con 19, por detrás de De Paula y Rubén Vega, de la Ponferradina. Ahora, Rubiato ha asumido el rol goleador del filial. No le resulta difícil. Lo tiene en la cabeza: suma 10 en 16 jornadas. "A Rober le echo mucho de menos, tanto en el campo como fuera, pero sé que los que juegan en su posición pueden hacerlo también bien".
Él el primero. Desde que comenzara allá en Las Rozas, en infantiles, destacó su olfato goleador. Un instinto que nació en la portería porque antes que delantero fue portero. Fue en el colegio, aunque no le duró mucho: "Me di cuenta que a mí me gustaba más salir y jugar, salir y marcar, no parar". Y menos mal, porque allá en Las Rozas marcó 19 goles en el Juvenil de División de Honor y 18 en Tercera. Ya entonces era un delantero de pelea, entrega y lucha; un goleador potente, un lince del área.
El Atlético, ya entonces tenía los ojos puestos en él, pero Osasuna B se adelantó y Rubiato, en el primero de sus tres años en el filial rojillo, acabó compartiendo vestuario con una de las, hoy, estrellas rojiblancas, Raúl García. Pero no sólo eso, también varias veces, en varios entrenamientos en El Tajonar, se puso a las órdenes de Javier Aguirre. La estampa que, dos años después, se ha repetido en El Cerro del Espino. Cosas de fútbol, aunque él piensa en el filial: "Si seguimos así, ¿por qué no luchar por subir?".
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"Abraham nos exprime al máximo"
El último paso de Rubiato antes de llegar al Atlético fue el Cobeña, el año pasado, donde hizo 15 tantos. Ahora le entrena Abraham García: "Nos exprime al máximo y saca lo mejor de nosotros".



