Dos equipos juegan al fútbol sobre un volcán
Zaragoza y Valencia cruzan sus urgencias en un partido bomba

El partido y sus circunstancias están para que los filmase Hitchcock y explicarle a la gente la definición académica del suspense (que nuestros padres pronunciaban suspáns). Porque aquí 22 hombres, los del Valencia y el Zaragoza, van a jugar al fútbol esta noche prenavideña sobre un volcán, en condiciones nada amables y con una urgencia brutal de victoria. Se parece un poco a la secuencia de Sabotaje en la que Hitch demoraba la cámara sobre el hombre que va en un autobús con un paquete en la mano. Él no lo sabe (nosotros sí) pero le han dado el cambiazo y ese paquete contiene una bomba: la espera de la detonación es el suspense. Esa espera son las horas previas al partido de hoy.
La diferencia está en que aquí todos los protagonistas tienen claro lo que hay en el envoltorio de esta última noche de fútbol de 2007, año tramposo de luces y sombras, como lo son todos. El vestuario del Zaragoza sabe que este traqueteo inseguro de seis partidos sin victoria puede acabar en implosión si hoy no gana. El descenso está a tres puntos: en fútbol eso es un tiro de piedra. Si bien la distancia resulta innegable, hay que considerar la cantidad de equipos que aparecen por el medio y la igualdad en toda la tabla.
Los problemas del Zaragoza, en todo caso, ya no admiten dudas ni explicaciones favorables. Y luego están los aderezos, como por ejemplo el asunto de las lesiones. Una semana más, todos los candidatos a recuperarse se quedaron fuera de la convocatoria. Aimar, desde luego. Y ayer, Matuzalem y Paredes. Lo de D'Alessandro es otro asunto. Ninguno iba a salir de inicio, pero sus bajas aún adelgazan más las posibilidades a lo largo del partido. Luccin, además, anda tocado. Víctor incluyó nada menos que ocho defensas en su lista. Los cuatro titulares más cuatro suplentes: Chus Herrero, Pavón, Víctor Fernández y Valero. No es que a Víctor le haya dado un ataque de caspa defensiva, es que no hay más jugadores...
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16 puntos. El Valencia viene con el gigante Zigic al frente y un equipo, pese a bajas y limpiezas, más que apreciable. ¿O no lo son Silva, Joaquín, Baraja, Sunny, Arizmendi, la aguerrida defensa y compañía? Pese a todo lo que se ha visto en los últimos días y al aroma de putrefacción general, el equipo de Koeman aún es el mejor visitante de la Liga (con 16 puntos ganados a domicilio), y ha sacado algo de La Romareda en sus seis últimas visitas.
En realidad, sobran las advertencias. Si el Zaragoza no gana, la Navidad se convertirá en lo que siempre fue: una pesadilla de la edad adulta.




