Made in Atlético
Un gol de falta de Simao en el último minuto puso en pie al escaso público que se dio cita. El Panathinaikos maniató a los de Aguirre durante gran parte del encuentro. El Atlético finaliza como líder de su grupo.


Poco o nada tenía que esconder Aguirre en el choque ante los griegos. El primer puesto era, para el Atlético, más deseado que necesario. Más deseado, porque no sólo significa el evitar a los 'cocos' rebotados de la Champions, que en su mayoría no son tan temibles, sino un golpe de moral para la parroquia colchonera, tan necesitada de hechos, y no palabras, que le hagan creer.
Y aunque los griegos, a priori y siendo claros, no son nunca un rival del que haya que tener excesivo miedo (al menos si juegan fuera), el técnico mejicano optó por dar entrada una vez más a la pareja del momento, o al menos una de ellas. Agüero y Forlán debían ser los encargados de plasmar en el marcador la superioridad rojiblanca. Lo que ocurre es que el Panathinaikos estaba en la misma situación que el conjunto español, y eso se notó, al menos al comienzo del encuentro sobre el césped. Aunque la posesión estaba equilibrada, era evidente quién le daba un mejor uso.
Los visitantes dieron, al menos en estos minutos, una lección de concentración a su rival. Todos los jugadores del equipo de Peseiro estaban muy metidos en el encuentro, con un juego simple y paciente pero sin cometer apenas errores. Justo lo contrario que el Atlético, que vivía sin problemas en defensa, pero echaba en falta la presencia en el medio de un jugador con jerarquía, quizás Maniche (quien lo iba a decir), que realizara lo que ni Raúl ni Cleber estaban siendo capaces de hacer, dar coherencia al juego de su equipo. Y el peligro era que los griegos se iban sintiendo cada vez más seguros.
Tanto que, poco después de la media hora, Salpingidis, el jugador de mayor peligro alineado por el técnico portugués, batió a Abbiati tras una gran jugada que finalizó con un remate ajustadísimo a la base del poste. Nada que objetar y comenzaba a impacientarse el público del Calderón, que ya comenzaba a olerse un nuevo tropiezo de su equipo, que, con los resultados de ese momento, al menos mantenía la segunda plaza.
Final de infarto
La segunda parte fue otro partido. El Atlético comenzó a ser el que llevaba el peso del encuentro, sobre todo gracias a la labor de los García, Luis y Raúl, muy voluntariosos. Ante del cuarto de hora, el conjunto local ya había hecho más que en todo el tiempo anterior, creando su primera ocasión clara en un remate de Raúl García tras varios rechaces. La ocasión, y el ir con el crono a favor, hizo que el Panathinaikos comenzara a tomar precauciones y a ceder terreno, lo que también ayudaba.
Simao había entrado en el descanso por Cléber y Reyes lo hizo luego por Zé Castro. Más madera ya no se podía meter. Pero el ímpetu de la salida rojiblanca se fue diluyendo poco a poco para dar paso a la impotencia y las prisas. Las iras de la grada se descargaban cada vez más en el árbitro y la atención se desviaba hacia temas no prioritarios.
Cuando se acercaba la media hora de la segunda mitad, el ataque atlético no había vuelto a dar señales de vida, y no parecía que fuera a hacerlo. Hasta que en una juagda aislada, Reyes encontró en la frontal del área a Luis García y este, con algo de suerte, atinó a batir a Malarz con la puntera de su pierna derecha. El mal ya era menor con la segunda plaza asegurada.
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A diez minutos para el final, y con la última ofensiva en marcha, el Atlético recibió un nuevo varapalo al ver como Raúl García se auto expulsaba tras responder de mala manera, y sin balón de por medio, a una provocación de Ivanschitz.
No se rindió el Atlético a pesar de la inferioridad numérica, llegó a tener encerrado a su rival, pero parecía que la jugada definitiva no llegaba. Esperaba otro final de infarto en el Calderón. Y tanto que lo fue. Se cumplía el tiempo reglamentario y el colegiado añadía cinco más. Más esperanza. A menos de un minuto para el término del encuentro, Knut Kircher señala una mano al borde del área griega. Simao, que debía ser el único que a estas alturas mantenía la calma, se sacó de la chistera un lanzamiento que tras superar la barrera y ser alcanzado por el guardameta, termina colándose en la portería griega. Un final de partido 'made in Atlético' y objetivo logrado. Bueno, más bien objetivos, autoestima reforzada y primer puesto.



