Dos espejos que reflejan una ilusión

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El Alicante se pone guapo. Quedan horas para una cita histórica y en el club celeste ya esperan al invitado más pomposo que han recibido desde que existen. La casa ya está engalanada (más de 20.000 personas estarán en las gradas cuando en Liga sólo acuden unas 1.500). El protocolo, más que ensayado (habrá un dispositivo de seguridad de más de 200 personas). Y el vestido, colgado y planchado hasta que llegue la hora de la verdad (lucirán un nuevo patrocinador para las camisetas que reportará 60.000 euros).
El Alicante se mira al espejo. Y en él, se refleja de joven, cuando el Real Madrid, reciente vencedor de la primera Copa de Europa, le invitó a su casa, allá por 1956, para que sirviera de sparring en un amistoso. Recuerda que no fue un invitado muy educado. Le ganó 2-3 en el Bernabéu. Luego, la memoria le traslada a un pasado más reciente, de hace cinco años. Tampoco fue el anfitrión más correcto cuando llegó otro convidado de postín, el vecino Valencia. También le echó de la Copa. El espejo refleja ilusión. La ilusión de un equipo que aspira a saltar al estrellato por un día. Luego, el Bernabéu será otro cantar.



