Diego y Oliveira se ponen al frente de la esperanza
El Zaragoza sale con todo para sumar un triunfo vital en Riazor
De lo que hay al fondo de este partido nadie sabe nada. ¿Hasta qué punto el Deportivo y el Zaragoza van a parecerse a sus versiones del pasado fin de semana o a la clasificación y la trayectoria que los ha traído hasta aquí? Cuatro partidos sin victoria el Deportivo; cinco partidos sin victoria el Zaragoza. Decimonoveno el equipo de Lotina, y el entrenador amenazado; décimo el Zaragoza y el entrenador amenazado. ¿Se juegan o no el puesto? Es seguro que sí, lo hacen todos los días pero... ¿es definitorio este partido? ¿Está el vestuario coruñés contra Lotina o dicen la verdad cuando le apoyan? ¿Qué hay de seguro en la reacción de los jugadores del Zaragoza contra el Deportivo?
Hay que recurrir a Rappel o a Raphael: ¿Qué saben nadie? La cuestión está en despegar, sea como sea. El Zaragoza, equipo blandito en los viajes, tiene la obligación y la oportunidad, que no son lo mismo, de ganar esta tarde en La Coruña. Pocos lugares más propicios, hoy por hoy; y pocos equipos tan imprevisibles en ocasiones así. Contra los equipos de abajo, al Zaragoza le da por hacerse chocolate líquido. Le pasó con el Valladolid, en el campo del Betis y desde luego en el del Recreativo, donde todos queremos pensar que tocaron fondo y se les presentó a los chicos la vergüenza en el autocar de regreso en la forma de lenguas de fuego, como a los apóstoles el Espíritu Santo en Pentecostés. A ver si la revelación sostiene su fuerza.
Tiempos peores.
Mientras, en el Depor se libra la batalla contra la lógica ciclotímica de los equipos que rebasan sus límites. Al Deportivo le vienen al pelo esas líneas de Calamaro que dicen: "Todo lo que termina, termina mal / Y si no termina, se contamina". Porque en el Deportivo se ha terminado una época, la del Superdepor, historia de la transformación de un club de oruga a crisálida bajo el mandato de un caudillo como Lendoiro, a medio camino entre la genialidad, la anticipación, la osadía y el secretismo. Ahora los futbolistas tienen otra vez los pies de barro, y ha crecido entre el recuerdo de la gloria una suerte de babydepor que se debate en los últimos puestos y tal vez en la contaminación interior del vestuario frente a Lotina, hombre siempre vestido con un traje gris de lluvia en el gesto.
Se habla ya de que los jugadores miran de reojo al técnico, y que el entrenador compone esa cara de sospecha del agricultor que mira al cielo. Mientras, los dirigentes vigilan el reloj, el termómetro, el anemómetro, la clasificación, la dirección del viento en las gradas y la tablilla de resultados.
En esas condiciones, el partido de esta tarde tiene un aire fétido de laguna Estigia. Los dos entrenadores intentan poner la mejor cara y saben que están en manos de sus futbolistas. Los del Zaragoza mostraron compromiso con el Espanyol. Y el Depor jugó y perdió un estupendo partido en el Camp Nou. Para los dos equipos ese resultado contuvo una victoria oculta en la decepción. El Zaragoza quiere construir sobre la voluntad y el juego, pero debe atender al otro lado de la luna, la defensa. Ahí están el pecado y la penitencia.
Víctor pondrá un equipo para tener la pelota y correr. Diego, Oliveira, Sergio García y Aimar, con Zapater y Celades a los mandos. Si todos se parecen a lo que sabemos de ellos, sobre todo si Celades se parece a Celades, entonces el Zaragoza debería imponer su superioridad. Son baja Matuzalem, D'Alessandro y Paredes. Es decir, tres de tres. En el Deportivo, Lotina repetirá el once que le apretó las tuercas al Barcelona. Un ejercicio de fe y de lógica. Medio campo aguerrido y Xisco frente a un problema contrario al del Zaragoza: la falta de gol. Ha marcado 14, uno menos de los que suman Diego Milito y Oliveira.
Si el fútbol tuviera lógica, este partido no haría falta ni jugarlo. Pero entonces no existirían las quinielas ni el mismo juego. Así que hay que jugarlo. A las cinco empieza la cosa.
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Una curiosidad de mal fario. Víctor Fernández terminó su primera etapa como técnico el 7 de noviembre de 1996, tras un partido de Copa con el Real Unión, pero su destitución se decidió cuando el Depor ganó en La Romareda (1-2) cuatro días antes. También Paco Flores cayó después de un 4-1 en Riazor, en enero de 2004.




