El Sevilla brilla en Europa
Luis Fabiano lanzó al equipo hacia el primer puesto

La Champions sigue dando brillo al Sevilla. El equipo sumó otra muesca exitosa en la competición europea, sobre todo, por las interesantes consecuencias que la victoria tendrá en el próximo sorteo. En Praga cumplió con su responsabilidad y remató con contundencia la liguilla de la primera fase, que le permitirá esquivar en octavos a los temibles primeros de grupo.
Ofreció un catálogo de rentabilidad y eficacia. Al Sevilla le costó arrancar, pero dejó las dudas en la cuneta cuando salieron al campo el referente Luis Fabiano, en pleno éxtasis de fútbol y goles, y el nuevo Maresca. Hasta entonces el equipo había jugado andando, aunque después del resultado final todo se quedó en una anécdota. Salió sorprendentemente sin fe y decisión, actitud que provocó que en la mente de muchos se extendiera peligrosamente la idea de que la enfermedad que arrastra en la Liga anulara también las ideas que en Champions aún permanecen activas.
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Desperdició la primera parte, muy miedoso, metido atrás y sin inquietar a los checos. Martí y Renato no funcionaron. Los dos abrieron un hueco exagerado en el centro, por donde se coló Ivana para irse de todo el mundo y estrellar un balón al palo. Ahí amenazó el Slavia y casi murió. El Sevilla deambulaba. Las bandas amagaban pero se perdían antes de llegar al área; Koné no se enteraba de nada y Kanouté mostraba síntomas de desesperación al detectar tanta nulidad.
El espanto se alargaba y el pánico se metía en el cuerpo. Fue entonces cuando Manolo Jiménez tomó la decisión más coherente. Retiró a Koné, cuya imagen volvió a estar lejos de la espectacular apuesta económica que se hizo por él, y sacó al bueno: Luis Fabiano. Y a Enzo Maresca, que empieza a resurgir. En un segundo, la empanada mental desapareció y las ideas comenzaron a brotar. El fútbol directo desapareció y el Sevilla se puso a jugar como Dios manda: con calidad, decisión y acierto. Activó la máquina y pasó por encima de los checos. Luis Fabiano no tardó en responder. Todo lo que toca es oro. Su gol hizo soltar el miedo y el Sevilla se apoderó del encuentro. Sin forzar demasiado la máquina demostró su superioridad en el terreno de juego y después todo llegó rodado. Kanouté sentenciaba y se marchaba a descansar, y Daniel Alves remataba el compromiso con el tercer y definitivo tanto para los sevillistas. Los Pudil, Smicer y compañía desaparecían del encuentro y daban paso a un Sevilla contundente, muy seguro y arrollador. Un Sevilla brillante y exitoso en Europa.



