Primera | Zaragoza

Víctor se la jugará el domingo con el Espanyol

Tras cinco partidos seguidos sin victoria y con un galopante deterioro de la imagen del Real Zaragoza, la posición de Víctor se debilita cada semana de forma exponencial. Aunque el club no transmite voluntad de destitución, la realidad se impone: el próximo encuentro puede ser decisivo.

Pedro Luis Ferrer
Delegado de Aragón
Delegado en Aragón de Diario AS desde 2004. Licenciado en Ciencias de la Información-Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona.
Actualizado a

Aunque la intención primera de los responsables del club consiste en aguantar mientras sea posible, la realidad del derrumbe del equipo en los dos últimos meses está ya avasallando esa postura de contención. La última derrota con el Recreativo, sumada a la imagen de desplome que transmite el equipo sobre el campo desde hace semanas, obliga al Real Zaragoza a tomarse ya la situación como límite, así que Víctor Fernández se va a jugar su puesto en gran medida en el partido del próximo domingo frente al Espanyol.

El asunto no provoca ningún entusiasmo en los rectores del Zaragoza, desde luego, pero la realidad se impone y van a tener difícil darle la espalda si el Zaragoza no reacciona ya este domingo. Hay otro factor decisivo en la ecuación: la voz de La Romareda, que todavía no se ha escuchado. El comportamiento del público el próximo domingo puede decantar las voluntades de un lado o de otro. El club no ve razones taxativas para destituir a Víctor Fernández, ni por el lado profesional ni por el personal. No hay pensamientos unánimes ni acuerdo general. Pero por encima de todo se levanta la inevitable conciencia de que hay que detener la peligrosa caída del equipo aragonés.

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. Agapito Iglesias, Eduardo Bandrés, Miguel Pardeza y Pedro Herrera volvieron a abordar la situación del equipo en la jornada de ayer, pero no se estableció ningún plazo límite para Víctor Fernández. Nadie quiere su destitución y el director deportivo Miguel Pardeza volvió, incluso, a respaldarlo en público, pero resulta innegable que la posición del técnico se debilita de forma exponencial. El partido del domingo se impone como un examen final para el entrenador, aunque, como ha quedado dicho, la voz de la afición tendrá un peso capital.

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