Segunda | Nàstic 1 - Real Sociedad 1

El Nàstic no pudo rematar a una Real que agonizaba

La expulsión de Víctor López cambió el signo del partido

Alberto Martínez
Redactor de Fútbol y Más Deporte
Licenciado desde 2006 pero escribiendo crónicas desde 2003. En AS desde 2005, donde informa del Espanyol y de polideportivo, especialmente de deportes acuáticos. Ha estado en tres Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Natación y tres Europeos. Autor del libro ‘Jesús Rollán eterno’.
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Faltaban segundos para el final del encuentro y el árbitro estaba dispuesto a dejarle un ataque al Nàstic. Pinilla cogió el balón y abrió a la derecha. El balón le volvió a llegar y tocó atrás. Buades buscó a Óscar Rubio, que repitió con Pinilla. Mientras tanto, la Real se desgañitaba, se mordía los dientes: en un segundo se le podía ir al traste el trabajo de noventa minutos... Pero no hubo tiempo para más. El Nàstic no supo organizar un ataque. Le sobró toque, pero le faltó fe, espíritu, creer en que es uno de los mejores equipos de la categoría. Ayer dominó a la Real durante 45 minutos, pero a veces hay que ser romántico, levantar al público, y recurrir a la épica.

El punto para cada equipo guarda dos lecturas: la Real aguantó las embestidas del Nàstic; o el Nàstic no supo rematar a una Real que jugó con diez el segundo tiempo. Cualquiera de ambas es acertada. La expulsión de Víctor López al filo del descanso -las dos tarjetas son claras- marcó un encuentro entre, posiblemente, dos de los mejores conjuntos de la categoría, aunque el fútbol mostrado no fue de muchos quilates. La rabia de Tortolero en el tanto del empate ejemplifica la presión con la que hubiese convivido el equipo grana en caso de perder. El listón está muy alto y la afición, visto lo visto ayer, no lo va a bajar. Quizás esa presión es la que le arrebata el espíritu al equipo.

El inicio. Nada fue lo que imaginaba el Nàstic. Ni la Real acusó su crisis institucional ni los grana evidenciaron que los últimos dos triunfos han servido para darle más alegría al juego del equipo. La Real fue muy superior a los locales en igualdad numérica, pero terminó agonizando en el segundo tiempo. Coleman sabe que atar a Jandro es tapar el derrame de juego grana. Así mataron las ideas de un Nàstic plano, que sólo creó peligro gracias a las faltas lanzadas por Antonio López.

Pronto ya se pudieron ver los peligrosos contrataques vascos. Aranburu avisó por dos veces: el primer remate se estrelló en el larguero y el segundo fue demasiado flojo; Juanmi lo atajó sin problemas. Pero el que no perdonó fue Delibasic, quien, pícaro como nadie, se adelantó a Tortolero y Juanmi, y rozó el balón con la bota derecha. 0-1 y el Nàstic moribundo. Luego llegó al expulsión, el empate y, eso: la falta de fe local.

Javi López: "Nos faltó fe, intensidad y espíritu"

"No estuvimos nada bien en la primera, ni con balón ni sin él. En la segunda generamos ocasiones, pero nos faltó que el gol llegase antes. Nos faltó fe, intensidad y espíritu. Con el empate tuvimos más energía, pero creo que necesitamos más. Teníamos que haber creído antes en el triunfo. La Real demostró que es un gran equipo y hay que seguir trabajando".

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Coleman: "La fortuna se alió con ellos en la expulsión"

"La primera parte la jugamos muy bien, pero el Nàstic es un gran equipo y supo reaccionar. La fortuna se alió con ellos en la jugada de Víctor López, cuando el balón no sale primero y luego cuando llega antes el jugador del Nàstic. Estaría bien que no acusaramos este ambiente externo y creo que el equipo se sabe aislar muy bien. Seguimos trabajando con el mismo objetivo".

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