El Zaragoza se la juega en Galicia con 'os resentidos'
Oliveira, Diego Milito y Ayala llegan tocados frente al Pontevedra
A estas horas, a punto de abrir el frente de la Copa en Pontevedra (frente arriesgado y estimulante a partes iguales), el escepticismo vuela libre alrededor del Real Zaragoza. Nadie cree en casi nada. Se duda hasta de la Copa, territorio donde cabe todo y más en un momento as frente a un buen Segunda B, el Pontevedra, pero a doble partido, colchón que debiera ser suficiente para evitar cualquier tentación de catastrofismo en La Romareda. El Zaragoza abre el tercer frente del año en un estado carencial de fútbol y convicciones; el Pontevedra se juega esta eliminatoria de mes y medio (la vuelta es el 2 de enero) con las armas del modesto, resumidas en dos: la ilusión propia y el calor de su hinchada.
Son las contradicciones de un torneo que en sus primeras fases oculta trampas mortales para los equipos en horas bajas. Ahora mismo alrededor del Zaragoza hay quien se atreve a dudar, y lo ha hecho, de la veracidad de los argumentos, los compromisos y hasta de las lesiones. En el Zaragoza se ha decretado el estado de sospecha. ¿Oliveira está lesionado o castigado?, se oye por el aire... Esa pregunta encierra una condena, explica un estado más pre traumático que post traumático. Parece que, de modo consciente o no, esperamos que algo grave ocurra.
El caso de Oliveira refleja la tensión, que no se crea ni se destruye, como la materia: sólo se transforma. En este Zaragoza, cada pocas semanas toma un aspecto distinto. El último es el de aventurar si las razones médicas ocultan un castigo del entrenador. Si no fuera porque en el fútbol todo es probable aún antes que posible, habría que decir que andamos todos paranoicos. A garrotazos goyescos. Escenario muy aragonés, por otro lado. Oliveira sufrió ayer una leve recaída en el entrenamiento. Diego Milito anda cuidándose (como siempre, por otro lado) su salud muscular. Es habitual verlo en sesiones de estiramiento prolongadas al final del trabajo. Ayala, que se acalambró en la fatalidad del Ruiz de Lopera, construye otra leve duda. Así que Víctor Fernández viajó a Pontevedra con un grupo de 18 jugadores, dos más de los que podrá poner en el acta, a los que dado el caso podríamos llamar 'os resentidos': aquél fue el grupo pontevedrés de Antón Reixa, famoso en la movida por aquel grito tribal: "Fai un sol de carallo". Cuentan que la Galicia lluviosa de septiembre a mayo es cosa del pasado. Estos días hay nubes y claros. Temperatura suave, otoñal. Un campo sin más agujeros que los que se haga uno mismo con su fútbol. Pasarón, el estadio del Pontevedra, está en obras pero retiene dignidad: una grada derribada, dos fondos nuevos y la vieja tribuna de Preferencia intacta, en pie como las ilusiones de un conjunto que viene en crecida.
Para esta noche el Pontevedra, equipo de fútbol limpio por dentro y por fuera, ha recuperado al pistolero Igor en punta, nueve brasileño rotundo, de 1.90, que ayuda a la sensación de inseguridad aragonesa. También el ex Zaragoza B Sergio Castaño regresa a la zaga del navarro Xavi Gracia. Víctor Fernández, por su parte, se llevó a los mismos de Sevilla salvo César, el portero, que descansa. Jugará López Vallejo. La defensa será la misma del Betis, incluido Diogo, el hombre sometido a proceso. Aimar y Óscar estarán en el medio campo por afuera y habrá que ver quién acompaña a Sergio García arriba, probablemente Oliveira, y cómo construye Víctor el doble pivote, para el que parece fijo el francés Luccin. Parece que su compañero será otra vez Zapater.
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Victoria en Pasarón y paseo en La Romareda
El Real Zaragoza sólo se ha medido en una ocasión anterior con el Pontevedra en la historia de la Copa. Fue en los octavos de final de la edición de 1970, cuando al equipo aragonés lo dirigía Héctor Rial, que, precisamente, venía de hacer carrera en el mejor Pontevedra de todos los tiempos, el de 'hay que roelo'. La eliminatoria fue un paseo para el Real Zaragoza, que se impuso 1-2 en Pasarón, con goles de Quirós y Villa, y apabulló después al equipo gallego en La Romareda: un 8-0 con firma de Santos (2), Totó (2), Oliveros, Quirós, Villa y Tejedor. El Zaragoza llegaría aquel año hasta las semifinales, en las que cayó por un gol ante el Valencia, futuro subcampeón del torneo.




