Internacional | Insurrección ultra en Italia

"Apuntó con el brazo recto", dice un testigo

El policía puede ser acusado de homicidio voluntario

Joaquín Maroto
Redacción de AS
Actualizado a

Uno de los testigos del suceso que acabó con la vida de Gabriele Sandri, de 26 años, en un área de servicio de Arezzo, en la autopista A1 de Italia, ha puesto en un brete al agente Luigi Spaccarotella, de cuya Beretta de 9 milímetros salió la bala que mató al joven seguidor del Lazio. "El policía disparó con el brazo recto". La declaración del testigo echa por tierra la versión del agente, que dice que el tiro que mató a Sandri fue accidental: "Corría y se disparó mi pistola, pero no apuntaba a nadie".

Según pasan las horas se van esclareciendo los hechos. Así, los primeros informes periciales no corroboran la versión del agente Spaccarotella. Uno de los tiros se realizó a la altura media del hombre, dicen los primeros análisis de balística. Con todas estas pruebas no es de extrañar que el gobernador de Arezzo, Vincenzo Giacobbe, dijera anoche que Luigi Spaccarotella puede ser acusado no ya de homicidio involuntario, sino de homicidio voluntario. El testigo que habla de la forma en que se produjo el segundo disparo (está confirmado que hubo un primer tiro que se realizó al aire desde una distancia aproximada de cien metros) no tiene dudas. Afirma que vio al agente con el brazo estirado.

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Sin embargo, de las palabras de Luigi Spaccarotella se extrae todo lo contrario. El agente asegura que no apuntó el arma contra nadie, que no dirigió el tiro.

El asunto es que el joven Sandri fue alcanzado en la parte izquierda del cuello, casi en la nuca, por una bala de 9 mm. que le mató en el acto. Cayó fulminado en el asiento trasero de su coche, un Renautl Megane Scenic en el área de servicio de Badia al Pino, en la provincia de Arezzo, cuando viajaba junto con dos amigos a presenciar el partido que su equipo, el Lazio, debía disputar contra el Inter. En esa gasolinera se produjo una reyerta con seguidores de la Juventus que iban a Parma a ver a su equipo. El policía trató de impedir la pelea desenfundando su arma y haciendo un primer tiro disuasorio tras el cual, y en contra de lo que dice el reglamento, no volvió a echar el seguro de la Beretta y a enfundar, sino que corrió con el arma en la mano y se produjo un segundo disparo, según él accidental, que mató a Gabriele Sandri, un pinchadiscos que trabajaba en algunos de los locales de moda de Roma, una ciudad en la que horas después de su muerte los ultras echaron un pulso al Estado con la violencia que desataron en las calles.

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