Yo digo Manuel Rosety

Muñiz, un hombre de Mareo

Manuel Rosety
Redacción de AS
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Parece que fue ayer cuando llegó del Cánicas de Cangas de Onís, donde había estado cedido a las órdenes de Nardo Alonso, una de esas eminencias populares del fútbol gijonés. Muñiz tuvo una larga etapa de formación hasta que llegó al primer equipo rojiblanco. Tuvo un testimonial debut en Durango. Luego se afincó junto a Abelardo en el centro de la zaga. Llegó a hacer dudar a Clemente cuando un joven Sporting, con García Remón en el banquillo, osaba disputarle las primeras posiciones al Deportivo y al Barcelona, por delante del Real Madrid. Sin embargo, el dueño metido a secretario técnico lo mandó de periplo tres años después, que resolvió en el Rayo y en el Numancia antes de empezar de trotamundos por los banquillos, empezando al lado de Juande Ramos.

Muñiz tiene la vena de entrenador desde que el fútbol se afincó en su sangre. Es un estudioso del balompié, un enamorado de este juego, para el que vive 24 horas al día. Es una manía que creo que nació con él. No hizo falta que la Ley Concursal lo atara al banquillo y al despacho del nuevo Málaga. Es su mundo. No hacía falta que inventaran esta ley de saneamiento para que intensificara su dedicación, que le permite trabajar seis días a la semana para sufrir 90 minutos. Mañana estará en El Molinón. Por primera vez lo hará en el banquillo visitante. Antes ya lo hizo en el área, como futbolista. De todas formas, aunque esté en la parte contraria a Preciado, la estela que dejó hace que sea un personaje querido. Aunque esté a 1.000 km de distancia, Muñiz es un hombre de Mareo.

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