Liga de Campeones | Grupo C | Olympiakos 0 - Real Madrid 0

Sigue el gafe griego

El Madrid suma ya nueve encuentros sin conseguir la victoria en Grecia. Sólo la falta de puntería de la delantera blanca y la gran actuación de Nikopolidis, evitó la derrota local. La clasificación queda muy despejada para los de Schuster.

<b>SIN GOL.</b> Robinho, al igual que el resto de sus compañeros de ataque, estuvo negado de cara al gol.
Cristo Martín
Jefe de Sección en as.com
Licenciado en Periodismo por la Universidad Europea de Madrid, entró en 2006 en as.com como becario y ya nunca se fue. Desde entonces ha desarrollado diversas tareas web, desde portadista a redacción, pasando por la coordinación de contenidos especiales. Actualmente es jefe de sección en la web.
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Una vez más el Madrid se marcha de Grecia sin lograr los tres puntos. El conjunto madridista no pudo romper el mal fario que le persigue siempre que se desplaza a esas tierras, aunque en esta ocasión la historia pudo ser bien diferente. Los blancos hicieron méritos de sobra para hacerse con la victoria y, lo que es mejor, el juego del equipo volvió a cambiar de rumbo, exhibiendo una mejoría notable. Este Madrid se comienza a asemejar a una montaña rusa y nos vamos acostumbrando a sus subidas y descensos, en ambos casos, por lo general, vertiginosos.

El encuentro comenzó eléctrico, de idas y vueltas constantes. Eran lo que querían los griegos y contra lo que tenía que luchar el Madrid. Sin embargo, en esos primeros minutos fue precisamente el exceso de agresividad el que jugaba en contra de los helenos, demasiado fallones, facilitando la labor de contención blanca. Schuster, en lo meramente futbolístico, había pedido a sus futbolistas tanta entrega como la que pondrían los griegos desde el comienzo, y estos cumplieron. No sólo no se amilanaron sino que supieron mantener la calma para encontrar el mejor antídoto al empuje rival, esto es, tener el balón y ralentizar el ritmo de juego en lo posible. Fundamentales en esta labor fueron Gago y Diarra. El doble pívote, que se sigue afianzando, cumplió a la perfección su labor de apoyo a la defensa para evitar balonazos poco productivos.

El resultado al mejor juego blanco no se hizo esperar, y en dos ocasiones pudo adelantarse el Madrid. Primero Robinho y luego Sneijder comprobaron por un lado que los nervios afectaban también a la defensa local, y por otro que Nikopolidis era el único que mantenía la calma. El veterano guardameta realizaba dos intervenciones de mérito para evitar el primer tanto madridista. Como muestra de lo revolucionado que estaba el conjunto local.

Teniendo en cuenta que el empate no era ni mucho menos un mal resultado y que el Olympiakos ni se acercaba por los dominios de Casillas, el partido iba sobre ruedas. Sólo faltaba que apareciera más asiduamente Sneijder. Más asiduamente y donde realmente hace daño, y que tuviera el apoyo de Raúl y Van Nistelrooy, que por el momento cedían protagonismo a Robinho. No logró el holandés sentirse cómodo en ningún momento de la primera mitad, pero en su única intervención destacable puso un gran pase a Van Nistelrooy para que el holandés estrellara el balón en el larguero tras superar a Nikopolidis.

El conjunto local reactivo a poco del descanso sus encorajinados intentos de acoso al marco de Iker, pero no lograban crear peligro. Con un más que correcto Heinze y un gran Marcelo, que frenaba continuamente las internadas de Galletti, el Madrid secaba todos las acometidas.

Faltó pegada

En los vestuarios, Panagiotis Lemonis debió pedirle a sus muchachos calma la calma que le faltó en la primera mitad. Con un Olympiakos más relajado, ambos equipos se dieron por unos minutos a la vida contemplativa, dejando correr el reloj y a verlas venir. Daba la impresión de que ambos se conformaban ya con el empate, sobre todo los griegos, agazapados en su campo y cediéndo terreno a la espera de una súbita contra.

Salvo un pequeño lapsus de los locales en el 53, en el que primero Lualua y luego Galletti pudieron adelantar al conjunto del Pireo, la segunda parte avanzaba de forma engañosa. El Madrid se estaba encontrando con un encuentro demasiado plácido en el escenario que menos podía esperar, sólo algún que otro error de Cannavaro inquietó a la afición merengue.

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Finalmente, tanta permisividad acabó por hacer que el Madrid se fuera, ahora sí, decididamente a por el gol. Si en los minutos precedentes fue la timidez de los delanteros blancos la que lastraba los ataques de los de Schuster, superada la media hora de juego el Madrid fue por momentos un vendaval, y sólo Nikopolidis, de nuevo, evitó que el Madrid obtuviera una cómoda ventaja para lo que restaba de encuentro. Ni Van Nistelrooy ni Robinho tuvieron la puntería necesaria, pero la mejor ocasión fue para Sneijder, que volvió a hacer gala de ese gran disparo que tanto usaba en sus primeros encuentros con el Madrid. Lástima que enfrente se encontrara un portero en estado de gracia.

A pesar de encontrase ante un equipo completamente roto tácticamente hablando y al límite de su resistencia física, el Madrid tuvo algunos sobresaltos hacia el final del encuentro. Nada grave. El empate final dejó contentos a ambos equipos, especialmente al Madrid, que con la derrota del Werder Bremen en Roma y el calendario restante, ve como sus opciones de clasificación se aclaran sustancialmente. Por su parte los griegos se ven inmersos en una lucha a tres bandas en la que hubieran firmado estar inmersos al comienzo de la competición.

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