Primera | Zaragoza 2 - Valladolid 3

Víctor deja desnudo en seis minutos al Zaragoza

Entró en el 24', con 1-0, y volteó el partido con dos goles

<b>EL EFECTO DECISIVO. </b>Víctor, el hombre que cambió el partido, se adelanta a Luccin en una disputa por la pelota.
Mario Ornat
Actualizado a

El fútbol de hoy produce con frecuencia ese zumbido industrial tan molesto de la modernidad; mareante hasta el punto de confundir lo mediocre o recubrirlo de una categoría desconocida. Siempre hay alguien capaz de inventar un nombre para lo superfluo y hacernos creer que era rotundamente necesario. Pero cuando en el campo de juego aparece un futbolista como Víctor, con esa fisonomía corta que representa una consciente huida de la mecanización, entonces sabemos que todo sigue en su sitio; que el fútbol aún es lo mismo de siempre, que conserva intacta la factura de un juego ingobernable, molesto y fascinante por igual.

Víctor volteó el partido, que venía de un 1-0 y en seis minutos se había convertido en 1-3 para el Valladolid. Mendilíbar lo puso en el minuto 24 por Sisi. Esos cambios prematuros mueven a la sospecha, pero el entrenador del Valladolid no hizo sino expresar una de esas condiciones extraordinarias que se dan en algunos individuos. Kennedy leía en diagonal. Devoraba renglones y páginas con vertiginosa ligereza. Eso hizo Mendilíbar: leer el partido en una posición antinatural y antes que nadie. Ganarlo, en definitiva. Víctor entró a dividir las líneas, Kome cayó a la derecha y entre los dos hicieron papilla la banda que defendía Zapater (lateral por las siete plagas que le han caído a la defensa del Zaragoza) y resguardaba Chus Herrero. Del 27' al 33', Víctor firmó dos goles y Álvaro Rubio -chico formado en la Ciudad Deportiva del Zaragoza- consagró su vuelta a casa, medianamente anónima, con un tercero excelso. Otro que lee en diagonal.

El Zaragoza quedó desnudo en medio de la calle. Ya no se recuperaría. Protestó, y no sin razón, un penalti de Rafa a Sergio García y un par de fueras de juego acabados en gol por Óscar y Diego Milito. Eran circunstancias donde no quedaba fútbol. Oliveira lo había adelantado, pero antes se chupó un contraataque y negó el pase a Milito, que aguardaba solo para el gol. Esa jugada, de apariencia anecdótica, rompió el frágil principio de solidaridad. Víctor se llevó por delante el resto. El Zaragoza debería recordar aquella frase de Lennon en una canción para su hijo: la vida es lo que te ocurre mientras haces otros planes.

Víctor Fdez: "Fue una 'pájara' inexplicable"

"El Valladolid, muy buen equipo, aprovechó 20 minutos magníficos en los que dio la vuelta al partido. Desaprovechamos la ocasión de ponernos quintos. Es casi imposible explicar la pájara. La entrada de Víctor fue fundamental y luego tuvimos que asumir muchos riesgos tras el descanso. El gol de Óscar me pareció legal y Sergio García me dice que le hicieron un penalti clarísimo. Pero no nos sirve como excusa".

Mendilíbar: "Vi que Víctor les haría daño"

"Hicimos un gran partido. Presionamos muy bien, entreteniendo el balón, aguantando y eso es lo importante cuando te enfrentas a un equipo como el Zaragoza al que le gusta tener la pelota. Queríamos hacerles correr y lo logramos. Sisi no estaba haciendo lo que queríamos y por eso metí a Víctor, pensaba que podíamos hacerles daño y salió bien. Esta vez ganamos, pero creo que ya hicimos méritos en otros partidos antes".

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El detalle: primer triunfo de la historia

El Valladolid jamás había ganado en La Romareda en Liga, una maldición en el medio siglo de vida del estadio rota ayer: en 30 partidos ha habido 18 victorias locales, 11 empates y el triunfo de ayer. Sí lo había logrado en Torrero (0-4 en 1952) y en la Copa (1984 y 1989).

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