Segunda | Hércules 1 - Real Sociedad 1

Unai consigue el indulto

El Hércules salvó un punto pese acabar con diez

Julián Burgos
Redactor en la Comunitat Valenciana
Llegó a la redacción de AS en Valencia en 2013. Antes fue delegado en AS en Alicante desde 2005. Sigue el día a día del Valencia y escribe las crónicas del Villarreal y Valencia Basket. Ha sido cronista de cuatro equipos valencianos en Primera. Ha cubierto Champions, Europa League, Supercopa de Europa, Euroliga, Eurobasket, Copa Davis…
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Ni siquiera la Real Sociedad bicampeona de Liga, de principios de los 80, tuvo tan cerca romper la maldición del Rico Pérez, ese estadio en el que nunca ha ganado. Y fue un guipuzcoano, Unai Alba, el que pactó un indulto con sus compatriotas. Firmó dos paradas descomunales, en los últimos diez minutos, una a Delibasic y otra a Xabi Prieto pero además contó con las hadas que escasearon para los donostiarras. Un dato: lo último que hizo el balón en el partido fue tocar el poste de la puerta de Unai. Antes, el prometedor Díaz de Cerio acumuló otro argumento para el indulto al mandar al terreno donde se construirá la torre del Rico Pérez un caramelo que le había regalado Xabi Prieto.

Pero empecemos por el principio. Goiko planteó un partido renunciando a las bandas. Luego dijo que ese no fue el problema pero lo cierto es que el Hércules se atascó una y otra vez por el centro. La apuesta era arriesgada pero con la lesión del desatascador oficial, Tote, al cuarto de hora, la convirtió en suicida. El vasco tardó unos minutos en darse cuenta de que Mariño era un estorbo en la derecha pero al final lo reubicó en su posición idónea. Resultado: pase en profundidad del peruano a Montenegro, disparo al palo y Rubén Navarro, con la caña a punto, empujó a la red. Máxima rentabilidad para muy poco fútbol. Al descanso se llegó con una sensación de tranquilidad aparente pero la Real no había dicho su última palabra. En realidad ni siquiera había pronunciado la primera porque la perorata la dejó para el segundo acto.

Y es que tras el descanso, la Real cambió de camiseta (el árbitro dijo que se confundía con la del Hércules) y viró su discurso. El fuelle local duró una hora. A partir de aquí, se volvieron a repetir errores: la defensa anduvo dubitativa y el ataque donostiarra se plantó delante de Unai Alba al menos en cinco ocasiones. La zozobra merodeaba la meta blanquiazul pero como los de Coleman se empeñaban en demostrar que tenían menos veneno arriba que una cobra de zoológico, la afición incluso se llegó a ilusionar con la victoria y con un regreso a la carta de Cámara que ya calentaba en la banda.

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Pero las cosas nunca son tan fáciles en esta categoría. Más bien, al contrario. La Real convirtió en gol quizás la jugada que menos peligro aparente conllevaba. Un balón muerto en el pico del área grande le cayó en los pies a Xabi Prieto. El canterano se marcó una vaselina que dejó de piedra a Unai y de paso hizo justicia. Un golazo.

El panorama se presentaba aún más negro cuando a diez minutos del final el árbitro expulsó a Rodri por una segunda amarilla rigurosa. Ahí se consumó el indulto y se agrandó una maldición histórica que la Real mantiene con el Hércules.

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