El Sevilla se reinventa
Jiménez recupera la mejor versión y aplasta al Valencia

La fortaleza de los grandes se mide en los momentos críticos. Con el arranque irregular y la fuga de Juande Ramos, había argumentos para que los cimientos temblaran. Pero el Sevilla de Manolo Jiménez se reinventó en medio de la crisis para aplastar a un Valencia empanado, desajustado, poco incisivo, desbordado e inmerso en una semana que levantará críticas. La reacción sevillista describe a la perfección esa fortaleza mental y el carácter ganador que vive dentro de este equipo, porque a Jiménez poco tiempo le ha dado a hacer.
Los jugadores del Sevilla entendieron que la forma más acertada de acabar con las dudas y tantos problemas era emprender un ataque decidido. Recuperaron la valentía, metiéndole una pizca de agresividad y mordiendo en la presión. Ahí si se pudo notar la primera declaración de intenciones de Jiménez.
El Valencia se sintió maniatado de pies y manos. Vivió toda la primera parte sorteando como podía la intensidad de los sevillistas, que comenzaban el trabajo defensivo desde Luis Fabiano y Kanouté. Keita y Poulsen, que parece haber vuelto, destrozaban la organización de Albelda y Baraja, incapaces de salir de esa trampa. Con escaso tiempo para preparar el partido, el recambio de Juande tomó una decisión fundamental: arropar al equipo atrás. Apostó por los filiales Crespo y Fazio y desplazó a Dragutinovic al centro. El serbio demostró que es el mejor central de la plantilla en estos momentos. La maniobra tuvo un resultado excelente. Crespo persiguió a Joaquín por todo el campo hasta borrarlo, adelantándose en cada una de las acciones. El concepto defensivo se reforzó globalmente y el Valencia lo sufrió. Se fue al descanso sin un tiro a puerta y acabó el partido sin forzar la mínima intervención de Palop. Zigic y Arizmendi ni encontraban huecos ni recibían nada aprovechable de sus compañeros.
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El Sevilla se apoderó del encuentro. En uno de los arreones, Luis Fabiano le ganó la espalda a Marchena, centró y Kanouté, tras el inoportuno enredo del despistado Albiol, hacía el primero. Adriano se convertía en la pesadilla de Caneira y Hildebrand frenaba un extraordinario remate de Keita con olor a gol.
Quique sentó a sus dos delanteros y buscó en Morientes y Vicente una pizca de actividad real. El Valencia recuperó entonces el balón y firmó algo de fútbol. Alexis estuvo cerca de firmar el empate. Pero todo se quedó en un par de gestos intencionados. El Sevilla de ayer no admitía contemplaciones y no tardó en apoderarse de nuevo del partido. Capel inyectó más chispa, Poulsen anotó el segundo y una deliciosa combinación brasileña firmó la sentencia. El Valencia cierra una semana negra. Jiménez sueña con las prestaciones de este equipo.



