Agüero y el Museo del Prado

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Dicen los moscovitas que su ciudad es "un museo bajo el cielo" porque cada edificio con varios siglos de historia, cada monumento de elegantes líneas, es patrimonio de la humanidad. El jueves por la noche consideraron, además, que durante tres días habían contado con la presencia de una "maravilla" más en su metrópoli, y no lo digo yo, lo confesó Anatoly Bishovets, técnico del Lokomotiv. Nada más concluir el encuentro la platea de prensa escuchó una alocución sobre un jugador rival poco frecuente en este mundillo. Fue un panegírico elegante, reflexivo, realista, muy ruso, el que todo un zorro viejo del balón como el entrenador ucraniano expuso ante los micrófonos. Sin duda, el halago del enemigo es el más objetivo y, para quien no lo sepa, Bishovets aseguró que lo que hizo Agüero en el castigado césped del Central Stadium Lokomotiv le produjo lo mismo que al contemplar Las Meninas en el Prado. Exagerado o no, juzguen ustedes mismos, lo cierto es que para continuar con ese código de obras de arte hay que considerar que la mayoría tiene un precio.
El de Agüero es ahora asequible para los mejores coleccionistas (hablan de la Juve) y nada mejor llegado este momento que ajustar su valor en el mercado para ahuyentar a los moscones. Pero no se asusten. Me consta que el Kun ha encontrado en el Atlético a una segunda familia. Se siente más rojiblanco que nunca y ya ha convertido al Calderón en ese asfalto de la cuadra donde aprendió a jugar al fútbol. Ahora sólo falta que siga en la Liga demostrando el nivel que ha exhibido hasta ahora. De seguir así está claro que será la gran temporada de Agüero en España.



