El equipo bonito ya está roto
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La afición del Zaragoza asiste incrédula a la mezcla de un relativo derrumbe deportivo (encarnado en las goleadas del Camp Nou y el Calderón, más la eliminación de la UEFA) y a la escenificación de una crisis que tiene que ver más con el vestuario que con los resultados. En dos semanas han levantado la voz de mala manera en la Prensa dos jugadores (Sergio García y Juanfran), que han disparado contra las decisiones del técnico, en lo individual y en lo colectivo; y se han visto dos discusiones en entrenamientos que pudieron empezar como una anécdota y han derivado en un estado de crisis.
Ahora mismo el Zaragoza es un volcán, con dos estrellas en conflicto (D'Alessandro y Aimar) y un desconcertante silencio desde el club, salvo la del capitán Cuartero. Está lejos de ser un volcán dormido. El proyecto, que tuvo viento de cola y el premio de la UEFA en su primer año, se encuentra de forma prematura en un instante crítico. Tiene que ver con el fútbol (hay que ganarle al Villarreal, claro), pero también con la capacidad de todos, y sobre todo del club, para reunificar voluntades y juntar las piezas de este equipo bonito, ahora tan roto.




