Liga de Campeones | Sevilla 2 - Steaua 1

Ilusionante y dubitativo

Kanouté y Fabiano marcaron y el Steaua metió miedo

<b>ALEGRÍA. </b>Luis Fabiano festeja con Navas el segundo gol del Sevilla, que a la postre sería el decisivo.
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El encuentro dejó un hecho trascendental: una victoria que permite al Sevilla acomodarse en el segundo puesto en su grupo de la Champions. También nos regaló motivos para la ilusión, porque recuperó, por momentos, esa velocidad, chispa y alegría que habían desaparecido del alma futbolística de los de Juande. Aunque el partido volvió a descubrir la transformación negativa del Sevilla, que sigue siendo endeble atrás, irregular en su fútbol y poco constante en su acoso. Vamos por partes.

Los sevillistas desenterraron, SÓ-LO en la primera parte, algunos de esos argumentos que lo hicieron grande. Rescató del olvido la sensación de sentirse superior al rival y ese carácter ambicioso que le permitía pisar a los rivales. Quizá el juego mediocre, blando y escaso de peligro del contrario ayudó a recuperar esta imagen. Con más o menos ayuda, lo cierto es que el Sevilla se reencontró y eso es una buena noticia.

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Mucha culpa de ese logro la tuvieron Capel y Keita. Los dos rompieron el encuentro en el arranque, paralizando por completo al Steaua. Capel es otro brillante con pinta de encarecerse con el paso de los años. Extremo habilidoso, veloz, con mil salidas tras el regate. Sobre él pesaba una corriente pesimista con su presunto potencial. La exhibición que ofreció en 45 minutos debe otorgarle crédito. Su asistencia a Kanouté en el primer gol, precedida de una galopada extraordinaria, fue sensacional. Marin sufrió una pesadilla. Keita fue el corazón del grupo. Con su fortaleza se comió a los cinco centrocampistas rumanos que no se enteraron de nada. Su actuación la adornó con un misil que se estrelló en el palo. Kanouté y Luis Fabiano se sumaron a la fiesta para alargar sus extraordinarias rachas goleadoras. En 20 minutos el pleito quedó sentenciado.

Hace muy poquito, este Steaua escaso de todo hubiera salido humillado de Nervión. Pero este Sevilla, pese a su interesante florecimiento, no es la apisonadora de las dos últimas temporadas. Tras el descanso, se marchó mentalmente del encuentro y firmó otro imperdonable despiste defensivo que Petre convirtió en gol. Entregó demasiado. Nicolita se vino arriba y los rumanos detectaron las deficiencias y los miedos del rival. Con muy poca cosa, la estrella Dica fue sustituida tras una actuación frustrante, metió el miedo en el cuerpo para oscurecer la mejoría anunciada. La máquina de Juande no termina de convencer. Pero, ya saben, en el fútbol la única verdad es la victoria. Y ahí no falló el Sevilla.

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