El Madrid se pierde en su laberinto
Primera derrota esta temporada del Real Madrid, que conserva el liderato y deja sensaciones preocupantes. Fue incapaz de reaccionar y de generar fútbol y acabó superado en todas las líneas por un buen Espanyol, que trató el balón con respeto y sentido.


El Real Madrid camina hacia atrás, en dirección contraria. Hubo algún espejismo de juego aceptable contra el Villarreal y el equipo recibió elogios exagerados, como ahora se exagerarán sus defectos. Es el precio que debe pagar un equipo como el Madrid. Al menos hasta ahora había solventado con efectividad sus compromisos. La pegada le había salvado y le mantenía invicto. Hasta que en su camino se cruzó el Espanyol y el Madrid tropezó. El Madrid se ha perdido, al menos de forma momentánea, en el laberinto en el que anda metido desde hace varias jornadas. Ahora transmite muchas sensaciones y pocas positivas.
Apenas había avanzado un minuto el reloj y el Madrid ya iba perdiendo o el Espanyol iba ganando, depende de la perspectiva. A la salida de un córner Riera cabeceó solo en el área pequeña y comenzó a escribir la merecida victoria de su equipo. El gol reflejó el desastre defensivo que es en algunas acciones de estrategia el Madrid y anunció la falta de capacidad del conjunto que entrena Bernd Schuster para generar fútbol. Sneijder perdido en la banda izquierda y Guti sin encontrar el rumbo cerca de Diarra ya no parecen esa pareja mágica que deslumbró al comienzo de curso.
Volverán a ser lo que ya fueron, pero hasta entonces el Madrid sufrirá su ausencia y cuando mida sus fuerzas a equipos bien ordenados y que tratan el balón con sentido, como el Espanyol, lo pasará muy mal. Si el centro del campo no funcionó y los delanteros tuvieron una participación anecdótica, la defensa fue un agujero por el que se le terminó de ir el partido al Madrid. Una gran acción de Valdo terminó con el balón en los pies de Tamudo, que superó a Casillas con una vaselina tan perfecta como elegante. Falló de forma más llamativa que nadie Cannavaro.
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El control del encuentro ya fue absoluto por parte del Espanyol, que consigue su cuarto triunfo consecutivo y dio un baño de juego a un Madrid que dejó una imagen paupérrima y una sensación preocupante de debilidad en el centro del campo. Hubo demasiada separación entre líneas y fue incapaz de abrir el campo por las bandas, donde Higuaín, Sneijder y Marcelo fracasaron. Sólo Sergio Ramos, más por garra que por la calidad de sus subidas, dejó algún elemento positivo. La impotencia de los jugadores del Madrid se reflejó en acciones como una brutal entrada de Diarra a Zabaleta. Mereció la roja.
Y como ocurría la temporada pasada, la reacción del Madrid sólo llegó al final, cuando lo tuvo todo perdido. Sergio Ramos acortó distancias en el tiempo añadido y lo que hubo de ahí al final fue un acoso alocado, por casta más que por juego. Vivió momentos de agobio el Espanyol, que se puso nervioso, pero logró conservar una victoria que mereció.



