El segundo intento para macharse

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El pasado mes de diciembre Lendoiro vivió su peor día como presidente del Deportivo. En la Asamblea del club se encontró a unos accionistas indignados y beligerantes que rompieron en abucheos ante la opacidad del Consejo. La verdad, era la misma de siempre, pero antes había Ligas, Copas, Rivaldo, Bebeto, Makaay, Fran... En fin, la noche fue larga y dura, incluso con ataques hacia los hijos del presidente que están empleados en el club. Lendoiro salió tocado y su primer impulso fue coger la puerta y decir adiós. La realidad, la deuda, le impidió hacerlo sin verse salpicado. Había, y hay, mucho que arreglar.
Pasados diez meses Lendoiro vuelve al mismo punto, sólo que ahora se trata de una decisión tomada en frío, con la calculadora en la mano. El de Corcubión negocia con los acreedores, posiblemente hoy en día los únicos junto a él que conocen la realidad contable. Sabe que su capacidad de crédito con los bancos está agotada, y sabe que su persona empieza a dividir a la grada. Quiere irse, pero también quiere dejar a un Depor vivo, con viabilidad en el futuro. Y como le gusta decir 'si los inversores son gallegos, mucho mejor'.



