Primera | Real Madrid 2 - Recreativo 0

Raúl sostiene el liderato

Gran partido del capitán, que asistió a Van Nistelrooy en el primer gol. El Recre se tropezó con Casillas. Higuaín completó la faena en el tiempo añadido

<b>EL EFECTO HIGUAÍN</b> El argentino recordó al futbolista talismán del final de la pasada campaña. Entró en el minuto 66 y a pocos segundos del final sentenció con su gol al Recreativo. Los equipos andaluces se le dan bien. También le marcó al Almería.
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El Madrid continúa a lo suyo, que es ganar purgando. Esta purificación dolorosa desespera por momentos, pero a ratos también resulta admirable porque el equipo se plantea un problema común y lo resuelve heroicamente o poco menos. Si en el grueso de los partidos apenas se pueden rescatar algunos detalles, en ese tramo de las hazañas se repite un nombre: Raúl.

Sí, Raúl ha sabido dar el paso atrás a que obliga la edad, seas futbolista o bombero. La transición le ha durado casi dos temporadas, los años de nuestras dudas, pero ha sobrevivido a un viaje que devora a otros jugadores (o abogados, o presidentes, o periodistas) que, incapaces de adaptarse a los nuevos tiempos, continúan gritando como Tarzán en los pasillos del asilo. Reinventarse lo llaman ahora. O morir, se ha dicho siempre.

Raúl, cuya máxima virtud fue el remate y la puntualidad, hace tiempo que se dedica a otras labores. Son muchas las veces que le hemos visto bajar hasta el centro del campo con la excusa, pensamos, de entrar en contacto con la pelota y con el partido, la morriña. Sin embargo, visto con perspectiva, es posible que estuviera asistiendo a clases nocturnas.

Ahora, sin aventurarse tan lejos de su terreno natural, Raúl influye en el juego del equipo de una manera decisiva. No hablo en este caso del remate ni del pundonor, un derroche que algunos consideran populista, pero que seduce al Bernabéu hasta la entrega incondicional y eterna. Me refiero a su forma de resolver los partidos con una asistencia (tres en los últimos tres partidos) o con un buen plan.

Van Nistelrooy suele ser el beneficiado, porque también tiene edad y oficio. Y así se establece entre ellos una complicidad de veteranos que encaja perfectamente el pase sin mirar con la carrera sin balón. De esa manera se plantó Van Nistelrooy frente a Sorrentino en el minuto 72 del partido, cuando la ropa empezaba a picar y los nervios se desataban sin recato. Que la jugada terminaría en gol lo supo antes que nadie el guardameta del Recreativo, que no salió a detener al pistolero, sino a dar la vida por la patria.

Si ahora que combina el hacer con el saber Raúl no acude a la Selección debe ser porque hay otros delanteros mejores (que no se ven) o porque un día hizo algo que se nos oculta, y no debería, pues debe ser terrible y sanguinario. Otra cosa es la obcecación del seleccionador y el sostenella.

Es difícil que el Madrid hubiera ganado ayer sin Raúl. No habían pasado 30 segundos cuando estuvo cerca de cabecear un centro de Robben. Desde entonces hasta el final, estuvo presente en cada revuelta, incansable y agotador. Y en el interín de esas peleas todavía se permitió bajar un par de balones del cielo con la exquisitez de un número diez.

Robben. En ese arranque del partido Robben se comportó, a falta de brillantez, con responsabilidad y empeño, lo que ya es un comienzo. Insistió por la izquierda y nos indicó que sus regates tienen más de filigrana que de velocidad. Eso no le ahuyenta de los bosques de piernas, pero le dificulta el camino y pone en riesgo sus canillas de cristal. Resulta evidente, en cualquier caso, que Robben está lejos de su mejor versión.

El Recreativo salió con nervios, aunque no tardó en advertir las debilidades de su enemigo. Aitor, por ejemplo, abrió una vía por la banda izquierda, descubriendo los problemas de Sergio Ramos para ubicarse. En el centro del campo, los visitantes tampoco tardaron en compensar la batalla. Guti, que ayer estrenó botas del color de la pantera rosa (el pastelito, no el dibujo), continúa medio desvanecido y eso le acusa a él tanto como a Diarra, que se confirma completamente insustancial.

Al Madrid le bastó con el talento espontáneo para rondar el gol, porque de eso vive últimamente. Después de un rally del balón por su área, Sorrentino atrapó sobre la misma línea de meta un disparo de Van Nistelrooy. Más que tocar, el anfitrión empujaba.

Poco después pasó el tren del Recreativo. A la salida de un córner, Martín Cáceres cabeceó en plancha y Casillas repelió con apuros. El balón quedó medio muerto a los pies de Beto, que, aunque resbaló, pudo rematar al fin. Su disparo, prácticamente a quemarropa, volvió a ser despejado por Casillas, que resucitó de pronto.

Como ya nos hemos acostumbrado a estas intervenciones, la reseña nos sale automática: los milagros de Iker. Pero conviene destacar el protagonismo absoluto de este portero en los éxitos de su equipo y la condena que se cierne, al mismo tiempo, sobre quien tenga que sustituirle dentro de diez años o veinte.

Sin embargo, este no es el Recreativo de la pasada temporada: es menos. Se trata de un equipo más áspero, sin verdadero despliegue en los contragolpes. Sinama Pongolle es un jugador fundamental y se comprobó durante sus minutos en el campo, aunque estuviera visiblemente disminuido por una lesión en un muslo.

Supongo que la fluidez no se vio favorecida por la presencia del sancionado Víctor Muñoz en la grada, desde donde se desgañitó en órdenes hacia su segundo, Raúl Longhi, en presencia de una amable japonesa y un niño principesco. En la época de los pinganillos y los microchips los entrenadores (excepto Luxa) siguen siendo partidarios de las viejas tradiciones.

El Madrid mejoró después del gol de Van Nistelrooy y tras los primeros cambios: Gago e Higuaín entraron por Diarra y Robben, que estaba exhausto. El efecto fue más frescura, otro espíritu, el aliento de dos futbolistas con urgencias por jugar y convencer.

El gol de Higuaín en el tiempo añadido tuvo más de reivindicación personal que de sentencia definitiva. El único reproche que se le puede hacer a este futbolista sin techo tiene que ver con sus problemas ante el portero y por eso es tan importante que marque un gol hoy y mañana otro.

Guti despertó de su hibernación y trazó un pase que lo tenía todo, longitud y latitud. Higuaín se sobrepuso a la tarascada del defensa y encaró a Sorrentino dispuesto a recitar el manual: observa, respira hondo, amaga y confía. Fue gol, claro. Un final feliz para una historia normal. A eso se dedica el Madrid últimamente.

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El detalle: Víctor pasó del palco a la grada

Víctor Muñoz, sancionado con dos partidos por su expulsión ante el Valencia, no pudo sentarse en el banquillo del Bernabéu. El entrenador del Recreativo siguió la primera parte en el palco presidencial y en la segunda cambió para estar más cerca de su equipo. Víctor se sentó en uno de los palcos vip que hay detrás del banquillo visitante. A pesar de sus instrucciones, no pudo lograr su primera victoria en Liga contra el Madrid.

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