Roberto y el colegiado detienen al Hércules
Pérez Montero anuló tres goles al equipo alicantino


Pérez Montero se comió ayer uno de los penaltis más claros que uno haya visto. Tote había hecho una virguería dentro del área y Roberto, en uno de sus pocos errores del choque, lanzó un puñetazo con destino el balón, que impactó en el rostro del madrileño. Además, anuló tres goles al equipo alicantino, al menos el tercero legal, y encima envió a Sastre a los vestuarios por darle un manotazo sin querer a Piti.
Así de mal lo hizo Pérez Montero. Pero el gran juego desplegado ayer por el Hércules no sólo fue frenado por el trencilla. Bajo los palos gijoneses estuvo un titán. Pocos porteros pueden manejar un partido desde su marco. Roberto es uno de ellos. Se hinchó a parar, organizó contraataques, se puso al colegiado en el bolsillo y desquició a los arietes blanquiazules.
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Todo esto unido al excepcional juego a la contra sportinguista y a la dirección de un maestro desde el banco hizo que el Hércules no se llevara el partido. Los de Goiko se levantaron por dos veces de los mazazos que le propinaron Míchel y Pedro, pero el tercero, de Canella fue letal.
Primero se adelantó Míchel, cuando el Hércules todavía estaba frío. Después empató Montenegro, de falta directa. Mientras, Tote ya se había erigido dueño y señor del partido. Poco le importó al madrileño que Pedro marcara en el último segundo de la primera mitad. Él ya había decidido que su equipo iba a ganar. Primero empató a dos, en una acción de cuco. Y luego comenzó su repertorio: taconazos, rabonas, pases al hueco... Y de repente, Goiko le cambió en una discutida decisión. Las piernas de los sportinguistas dejaron de temblar. Aún así, Jaume marcó el gol del triunfo por insistencia, pero Pérez Montero le negó la gloria. Ésta fue para Canella.



