Primera | Zaragoza

Parte de guerra

Las lesiones y el ridículo dejan herido al Zaragoza. Víctor exige más agresividad. El Sevilla ofrece una oportunidad de redención

<b>TERAPIA DE GRUPO. </b>Víctor, reunido con sus jugadores, analizó los múltiples errores cometidos por el Zaragoza en la goleada del Camp Nou y avisó: contra el Sevilla hay una oportundidad de renacer.
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E l partido del Camp Nou ha caído como una losa sobre las expectativas y la credibilidad del Zaragoza, un equipo que venía exponiendo problemas, pero al que la brutal eficacia del Barcelona desnudó con crueldad. Más allá del decaimiento interno y social que provocó la goleada, el cuadro de pesimismo se completa con una repentina fila de lesiones que ahondan en la sensación de drama: la de Matuzalem, menos grave de lo pensado, la operación a Diogo y las serias dudas para mañana de Ayala, D'Alessandro y Paredes.

Víctor Fernández trató ayer de recomponer la figura propia y la de su equipo, en medio de una oleada de críticas que basculan histéricamente (y con todo motivo) de lo colectivo a lo individual, de la actitud al puro fútbol, y de las expectativas a la pesarosa realidad. La noticia de que Matuzalem sólo estará un par de meses de baja constituyó un alivio en medio de la decepción. Pero el ridículo del Camp Nou pesa tanto que esa alegría tuvo el mismo peso que una gota en un océano.

El equipo se entrenó por la tarde en la Ciudad Deportiva. La escenografía no varió demasiado de lo habitual: Víctor mantuvo una charla de alrededor de diez minutos con sus futbolistas y luego tuvo diálogos individuales con varios de ellos: con César o Sergio, por ejemplo. Es una costumbre del entrenador, así que por ese lado no hubo ningún gesto que subrayase la crisis que abrió el partido del Camp Nou.

Contudencia.

Tuvo más importancia el contenido que la forma. Víctor le pidió a su equipo más agresividad. Expresó su disgusto por la nula contundencia atrás y en el medio : esa carencia la explican mejor que nada las paupérrimas estadísticas del equipo en la recuperación de balones y el número de faltas cometidas. También las pérdidas de posesión constantes en zonas muy determinadas del campo.

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Es un problema grave, expuesto en el Camp Nou de forma sonora pero perceptible también en Murcia o, más recientemente, en el partido frente al Aris. Puertas adentro el ya célebre rombo no se ve como el primero de los problemas. Lo que sí se analiza es el bajísimo rendimiento de varios jugadores y la posibilidad de que el grupo, de forma inconsciente, haya fiado los resultados a la imposición de su innegable calidad futbolística, descuidando valores básicos en un equipo de clase media-alta: la intensidad, la contundencia atrás o la solidaridad en los esfuerzos en todas las zonas del campo.

En contraste, el Sevilla ofrece una rotunda e inmediata posibilidad de redención. Así se lo recordó el técnico a los jugadores. Contra el doble campeón europeo, el Zaragoza va a poner en juego mucho más que los tres puntos.

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