Primera | Sevilla

Desgarro y pasión en el último adiós a Puerta

La ciudad se unió para despedirlo. Su cuerpo fue incinerado

El féretro  de Puerta es llevado por sus compañeros del Sevilla
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Si hay algo difícil de contar es el dolor. Fue la agonía prolongada durante un día que se alargó toda una noche y murió en un caluroso y despiadado mediodía. Pasadas las dos de la tarde, el cuerpo de Puerta traspasaba la reja principal del cementerio de San Fernando. Allí, en la intimidad de familiares, amigos y compañeros, recibió el último adiós antes de ser incinerado. Ya descansa en Paz.

La ciudad sintió el dolor de la marcha de un chaval de 22 años cuya tragedia ha entrado en el corazón de todos. La imagen de algunos de sus compañeros, como Kepa, David, Monchi, Maresca, Ocio, Martí y Navas, resume la tragedia vivida. Fue una larga jornada que se clavó en el alma.

En la medianoche del martes, el féretro de Puerta entraba por una de las puertas del Sánchez Pizjuán. En el antepalco del estadio quedó instalada la capilla ardiente. Durante toda la noche, miles de sevillanos pasaron junto a él para mandarle el último mensaje, el último beso a ese joven futbolista que ya ha dejado un rastro de leyenda. Los alrededores del estadio se convirtieron en pequeñas capillitas improvisadas: velas rojas en el suelo, resplandeciendo durante la noche, y rodeadas con imágenes de Cristos y Vírgenes sevillanas. Desde el Gran Poder a la Macarena, desde la Esperanza de Triana, de la que era muy devoto, al Cristo de la Presentación. Los aficionados encendía velas y escribían en las puertas del campo su despedida particular. "Dios se ha llevado a un gran lateral. No te olvidaremos", se podía leer.

Sobre las dos de la mañana, el equipo, procedente de Grecia, acudía a la cita con su amigo. Los cuerpos volvieron a derrumbarse al ver la fría imagen del féretro rodeado de fotos de Puerta. Los sevillistas chocaban cruelmente con la realidad. Un momento desgarrador. "¡Madre mía! Cuando tenga que preparar mañana la ropa de todos y no lo vea", suspiraba con sufrimiento el pichón, el utillero del primer equipo. Sus amigos, compañeros y familiares pasaron junto a él la última noche.

Multitud.

Y llegó la mañana, el día del adiós definitivo. En un Sánchez Pizjuán abarrotado por miles de sevillanos y en el que se dieron cita cientos de personalidades del mundo del fútbol, la política y sociedad, se llevó a cabo un responso. Minutos más tarde, por la puerta número dos, aparecía el féretro de Puerta sujetado por los hombros de sus compañeros destrozados. El público que rodeaba el estadio (fuentes municipales hablan de 30.000 personas las que se congregaron en Nervión) explotó en un emotivo aplauso que heló todos los corazones. Puerta, esta vez, se iba definitivamente del Sánchez Pizjuán. "¡Puerta, Puerta, Puerta!", gritaba con sentimiento toda la gente. Dos coches fúnebres repletos de coronas, varios taxis con familiares y los autobuses del primer y segundo equipo y los consejeros escoltaron a Puerta en su último paseo por una ciudad consternada.

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Navarro no aguantó.

Pasadas las dos de la tarde, el cortejo atravesaba la reja del cementerio de San Fernando, rodeado por centenares de sevillanos. "No recuerdo nada parecido desde la muerte de Paquirri", comentaban en los alrededores. Javi Navarro no pudo sobreponerse a tantas emociones y tuvo que abandonar la capilla antes del responso final. Tan sólo la familia aguantó el último trago hasta que el cuerpo fue incinerado. Su madre quiso llevarse las cenizas. A partir de aquí, todo pertenece al capítulo más privado. Con su marcha deja el dolor de una ciudad, el abatimiento de sus compañeros y la leyenda que crecerá con el tiempo. Explotó sus 22 años al máximo y dejó una huella inolvidable. El fútbol se unió para despedirlo. Antonio Puerta, descanse en paz.

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