La zurda que hizo soñar al sevillismo
Un golazo suyo colocó al Sevilla en su primera final de la UEFA

El sueño de los cinco títulos comenzó con un zurdazo de Puerta caído del cielo. Un balón que el canterano enganchó celestialmente para estoquear al Schalke y colar al equipo en la primera final europea de su historia. "El gol que nos cambió la vida", reza aún una de las pancartas que los aficionados exhiben en el estadio para aunar sentimientos en las grandes citas.
Puerta fue uno de los pocos sevillistas que quedaban en la plantilla, de los de bufanda y bandera. Había heredado la pasión por el equipo de su abuelo, Antonio Pérez Pérez, amigo del histórico Pato Araujo y creador de una de las peñas más antiguas de Nervión: Al Relente.
Hace muchos años, en un local alquilado, Antonio se reunía, entre otros, con el padre de José María Del Nido para hablar sólo de su Sevilla. La dictadura impedía las reuniones en la calle y buscaron un humilde local para hacer sevillismo. Por aquel entonces, ni se imaginó que uno de sus nietos llevaría a la gloria a su club, aunque no se cansaba de decirle al Pato: "Esta zurda dará mucho que hablar".
Don Antonio se marchó sin ver triunfar al niño, cruel destino, por eso Puerta siempre convirtió sus goles en besos al abuelo. Por eso aquel balón del Schalke vino directamente desde un rinconcito del cielo. Su pasión fue el Sevilla y el fútbol lo llevaba en la sangre. Su padre, Añoño, llegó a jugar en el Triana, antiguo filial del Betis, junto a Quino y Demetrio. Curioso cruce de caminos con el eterno rival, pero él eligió los colores rojiblancos. Antes de emanciparse, vivía en Luis Montoto e iba al Sánchez Pizjuán andando: sevillismo por los cuatro costados. Cuando aún no levantaba dos palmos del suelo, jugando en Piscinas Sevilla, el Betis quiso ficharlo. "Betis caca", se limitaba a decir, para alegría de su madre. La cantera nervionense no tardó en echarle el lazo. "Vino en edad infantil. Era extremo, pero ahora se estaba acomodando al lateral. Era inteligente y sabía que ahí tendría más opciones de llegar lejos. Era potente y ofensivo. Su evolución futbolística había sido espectacular", contaba con rabia estos días Pablo Blanco.
En los viajes dormía con Pep Martí, a quien se le vio en la madrugada del domingo deambular por Urgencias del Hospital Virgen del Rocío, y de quien recibió las enseñanzas necesarias para tomar la capitanía del equipo muy pronto.
Su proyección corría como un misil. El año pasado su potencial explotó, la Premier League lo tentó con ofertas millonarias y el Real Madrid lo apuntó en su agenda para futuras operaciones. Del Nido tuvo que aceptar que estaba ante un prodigio y lo renovó a precio de crack: ha sido el canterano mejor pagado de la historia.
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Con sólo 22 años apuntaba muy alto. Su extraordinaria madurez había marcado su carrera y su vida personal, ya que a su edad decidió hace unos meses que iba a ser padre. El próximo 20 de septiembre cumplirá su pareja. Su hija lo necesitaba y su abuelo, junto a sus entrañables Araujo, Manolo Doménech, Campanal 'El Gordo', Diéguez y compañía, rezaba para volver a verlo sonreír. No ha podido ser.
Hasta siempre amigo.



