El derbi del futuro
Se estrena el Madrid de Schuster y el Atlético sin Fernando Torres

Deberíamos tener en cuenta que hasta el momento hemos mirado por el ojo de la cerradura. Para eso sirven las pretemporadas: para observar al director mientras elige texto y actores, vestuario y decorado, el ritmo y el tono de la función. Eso incluye, naturalmente, experimentos y errores, cambios de perspectiva y, por el camino, algún desastre natural. Es posible que sólo en las profesiones deportivas se admita esa intromisión en los ensayos y es seguro que en ninguna otra especialidad se juzga de un modo tan estricto el resultado de las pruebas.
Pero lo de hoy es diferente. Es telón y público. Y por eso no debería tenerse muy en cuenta lo que escuchamos durante este verano mientras estuvimos escondidos en el armario. Hay algo que se arregla en cuanto comienza la representación e incluso puede pasar que las cosas no se arreglen totalmente hasta el tercer acto. Pero me he prometido no hablar más de Capello, que luego no duermo.
Para completar el escenario, hay que añadir a todos esos imponderables la importancia del partido: Real Madrid-Atlético. La cita incluye un tipo de motivación extraordinaria que empezó enfrentando a rivales directos y que últimamente contrapone filosofías lejanas. En cualquier caso, enemistad vieja y sabrosa.
De los alicientes divinos, a los humanos. Con calzón blanco, Schuster, entrenador al que en el Madrid se ha encargado la transición entre la Edad Media y el Renacimiento. La tarea es compleja, lo admito, porque desde los primeros cimientos le pedimos ya la Capilla Sixtina. No obstante, lo más inquietante de todo no es nuestra proverbial falta de paciencia, sino que la llegue a perder él. Y en alguna conferencia de prensa se le ha visto flaquear.
Aunque Schuster no ha convocado a los recién llegados Robben y Heinze, hoy debería apreciarse algo de su estilo, ese que parecía tener tan claro cuando entrenaba al Getafe y miraba al Madrid. El alemán podrá contar con Casillas y Ramos, que se han recuperado de sus lesiones, pero no con Torres, que tendrá que esperar otra semana. Cannavaro, con molestias de última hora, podría ser reemplazado por Metzelder y las dudas se acumulan en el centro del campo. En principio, la lógica indica que Guti y Diarra serán pareja, pero la alternativa de Gago en lugar de Peter Pan tampoco puede descartarse, como ya se comprobó en Sevilla. Pepe, Drenthe y Sneijder serán las caras nuevas.
El capitán. Raúl merece capítulo aparte. Su titularidad vuelve a levantar ampollas en los momentos de incertidumbre, cuando todo parece susceptible de cambio menos él. Su papel de mito se tropieza con las exigencias del puesto, que impide las apacibles retiradas de las que gozan los defensas y algunos centrocampistas (Schuster, por ejemplo). Su puesto, delantero polvorilla, exige juventud y novedad. Es duro, pero es real. En el fútbol, como en la vida, la madurez es un valor que inventan los viejos para compensar la falta de velocidad.
Con el calzón cobalto, el Atlético. Y con perfil totalmente nuevo. Es curioso cómo la venta de Fernando Torres ha liberado al equipo (y al jugador), hasta el punto de que todo parece posible. El Atlético es así: vive de las contradicciones. Y si no es así, muere. Por eso, no sería extraño que sin su mejor jugador de los últimos tiempos, el Atlético lograra en el Bernabéu lo que no consiguió con él: vencer. En octubre de 1999 ganaron los rojiblancos en Chamartín y desde entonces se han disputado 11 derbis ligueros con un balance desolador para ellos: seis derrotas y cinco empates.
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Caras nuevas. A la sugerente presencia de Forlán se suman las presentaciones de Simao y Raúl García. En principio, Reyes aguardará turno en el banquillo porque al Atlético no le cabe tanta munición en cubierta. De eso se libra el Madrid. Por otro lado, ya es conocido que los problemas rojiblancos se localizan más atrás, en la defensa, o mucho más arriba, en la confianza.
La mala noticia es que se acaba el verano. La buena es que hay derbi, fútbol sin gaseosa. Hoy, cuando caiga el sol, se subirá el telón.



