Un extremo cuyo ídolo es Romario y que superó un tumor testicular

Al Bernabéu llega un extremo de los que ya casi no hay. Esa es la mejor definición para un Arjen Robben que, teniendo en cuenta el ecosistema futbolístico actual, pertenece a un club en peligro de extinción: el de los extremos zurdos capaces tanto de pegarse a la cal como de inventar un regate endiablado y poner la directa para perforar la portería rival.
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Una relación con el gol que aprendió de niño en su Groningen natal cuando se deleitaba viendo jugar a su gran ídolo de siempre, Romario. El talento siempre estuvo ahí. Tras marcar 50 goles con los juveniles del Groningen, el PSV le fichó con 17 años. Un salto hacia un puerto mayor que llegaría en 2004 de la mano de Abramovich, que tiró de chequera para llevárselo al Chelsea: 18 millones de euros por un pipiolo de 20 años introvertido, muy ligado a su padre y agente, Hans, y a su novia de toda la vida, Bernadine, con la que se casó el pasado verano.
Martirizado por las lesiones en Inglaterra, superó un momento delicado en 2003 cuando le encontraron un tumor benigno en un testículo. Ahora llega a Madrid tras un duro tira y afloja con Abramovich, su gran protector en Londres ante un Mourinho con el que no congeniaba y que fichó a Malouda para abrirle la puerta. Un conflicto que, culebrón veraniego incluido, le ha conducido finalmente a vestir de blanco.



