"Tenemos que creer en la Champions y en la UEFA"
El nuevo cacique del Zaragoza ya palpita la temporada y no se permite renunciar a ningun objetivo: "¿Por qué hay que elegir uno solo? Debemos ser ambiciosos y exigentes".


¿Ya se ha acostumbrado a su nueva camiseta?
Sí, claro, desde el primer día. Cuando tomé la decisión, supe que fichar por el Zaragoza era la decisión correcta. He venido muy ilusionado y absolutamente convencido.
Pocos futbolistas han pasado por tres clubes en dos meses...
Se dio así, nadie lo buscó. Me marché del Valencia y acepté la oferta del Villarreal, porque me pareció la mejor manera de continuar mi carrera deportiva. Tanto mi familia como yo estábamos muy ilusionados con esa etapa... Pero se cruzó el Zaragoza, me sedujo su propuesta y pagó la cláusula. Quizá fue inusual, pero para nada ilegal.
El Submarino lo tiene a usted en el punto de mira.
Entiendo que no sentara bien la decisión, pero uno trata de buscar lo mejor para sí y los suyos. Siempre desde la legalidad, insisto. Como así fue. Ir al Madrigal siempre fue complicado por la entidad del oponente y seguro que seguirá siéndolo por el mismo motivo.
La imaginación se escapa y lo sitúa a usted con Aimar, Diego, Gabi y Riquelme en la concentración de la Argentina de la Copa América.
¿Y qué se dice?
Pablito le insiste para jugar juntos de nuevo, Diego y Gabi sólo le dicen cosas buenas de Zaragoza y Román le mata las ganas de ir al Villarreal...
No, para nada. Bueno, Pablo sí ayudó a convencerme. Todas las referencias que me llegaron fueron inmejorables, pero no hubo más. Ni mucho menos Riquelme quiso entorpecer nada; él está muy orgulloso de los años que vivió allá y parece que estará más.
¿Cómo son sus primeros días dentro del vestuario?
Muy cómodos. Quiero agradecer a los chicos cómo me han recibido y la atención que dispensan para que me sienta uno más desde el primer momento. Es un placer integrar un grupo de esta calidad.
De usted se espera al heredero exacto de Gabi Milito, líder defensivo y espiritual. ¿Acepta este rol?
No puedo esconderme. Cada uno conoce su responsabilidad y a estas alturas de mi carrera, con tanta experiencia acumulada, asumo que tengo que ser uno de los referentes. Pero lo hago con naturalidad, aquí nadie está para imponer nada y mucho menos uno a sus compañeros.
¿Cómo gana peso un recién llegado?
Yo trato de ser positivo. Huyo de las polémicas y de las fricciones, no me interesan. Quiero disfrutar de mi profesión, porque sé que algún día acabará y estoy convencido de que es la más bonita del mundo.
¿A qué le gustaría dedicarse cuando se retire?
Todavía no me lo he planteado. Siento que tengo tiempo, que aún me quedan varias campañas en activo a un alto nivel.
¿Se puede mantener la ilusión del inicio, llegar con todo al Zaragoza tras ser ídolo del Milán y del Valencia?
Es la única solución. Debemos ser profesionales con el entusiasmo y el compromiso de los aficionados. Entender cada jornada como una ocasión para ser felices con lo que se hace. Yo lo soy entrenando, mentalizándome para un partido, por supuesto, jugándolo...
¿Qué ha cambiado en usted desde que asomó de la mano de Carlos Griguol en Ferro Carril Oeste?
En lo futbolístico, está claro que mucho. Uno acumula vivencias y va creciendo. Jugar en Europa acelera tu perfeccionamiento y te sitúa en otra dimensión.
¿Griguol es el técnico que más ha marcado su carrera?
Por ser quien me puso a jugar en Primera, naturalmente. Aunque, para mí, el mejor de todos ha sido y es Marcelo Bielsa. Un fenómeno. Sabe sacar de cada jugador todas sus virtudes y siempre es un placer trabajar a sus ordenes
¿Se puede saber por qué le llaman Ratón o es una indiscreción?
No hay misterio. Es por el delantero que jugó en el Atlético en los años 70. Nos apellidamos igual y a él le llamaban Ratón. Un compañero en Ferro me lo puso y ya se quedó.
Hace tiempo que dejó de serlo para convertirse en un león.
(Risas) Y más ahora, que estoy en el Zaragoza...
¿Qué impresión le ha causado el equipo en el Carranza?
Buena. Seguro que no hemos jugado como podemos hacerlo, pero no hay que ser impacientes. Estamos trabajando para aguantar todo un año a gran nivel, no tiene sentido querer alcanzarlo antes de tiempo y sufrir a final de temporada.
La recta final de la anterior fue una agonía para el equipo, dio la sensación de no poder ganar a nadie. Pasó de pelear la Champions a entrar en la UEFA por la última rendija.
Por eso. Hay que trabajar con la máxima dedicación y llegar en las mejores condiciones al tramo decisivo. Queda mucho todavía, aún nos estamos conociendo y yo soy el primero en notar que me falta para mi mejor versión: salto menos, mido peor en los cortes... Son detalles que debemos ir puliendo individual y colectivamente, pero las previsiones son extraordinarias. Hay muchísima calidad.
¿Se ve entre los cuatro primeros o ganando la UEFA?
Tenemos que creer que puede ser así y pelear por ello con todas nuestras fuerzas. No quiero elegir, sólo cumplir los objetivos. No consiste en mandar mensajes optimistas, sino en ser ambiciosos y exigentes con nosotros mismos.
Ir siempre hacia delante, como se dice en su país.
Exacto. Me considero muy competitivo. Cada vez que entro a una cancha, comienza un duelo en el que si no gano, me ganan. No hay más opciones, quiero vencer siempre.
Pese a la fuerza de la frase, conserva un tono relajado, lejanísimo de su alta tensión en cada partido. ¿Se reconoce cuando ve las imágenes?
No me reconoce mi señora... Seguro que piensa: "¡Con quién me he casado!" (risas)
¿Le ha sorprendido algún compañero hasta ahora?
Nos conocemos todos desde hace años, aunque sea de enfrentarnos con distintos equipos. Quizá Sergio García, creo que está a un nivel altísimo y tiene la jugada siempre clara.
¿En qué ha mejorado Oliveira desde que coincidieron en el Valencia?
Conserva el desmarque y la pegada que siempre le han permitido marcar la diferencia, pero le ha añadido una potencia que lo hacen aún más peligroso.
El club y Diego Milito tratan de encontrarse para mejorar la ficha y ampliar la cláusula de su compatriota.
Diego está entre los mejores nueves del mundo. Lo digo yo, lo diría cualquiera y, sobre todo, lo refuerzan las cifras. Marcar 38 goles entre las últimas dos Ligas definen su auténtico nivel.
Durante la Copa América se reforzó la incómoda sensación de transparencia que le acompaña y que tan poco merece. Sólo creyeron en él medio partido, debió salir en el descanso de la final...
Son decisiones que toman los técnicos y que no nos queda más remedio que acatarlas. Diego se ha ganado el derecho a estar en la selección, un privilegio sólo al alcance de unos pocos, y ya ahí puedes jugar en cualquier momento. Seguro que cada vez lo hará más.
¿Ha cerrado la herida de la derrota en la final contra Brasil, con gol suyo en propia?
Qué le vas a hacer... Lo último que querrías hacer en tu vida siendo un futbolista argentino es marcarte en tu portería en una final contra Brasil. Se dio y sólo queda seguir adelante.
Su renuncia a la Selección es irrevocable.
Creo que sí. Tomé la decisión de dar un paso al costado para dejar paso a las nuevas generaciones y me sigue pareciendo la mejor decisión.
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Fabrizio es un gran jugador. Si el club lo quiere, es por algo.



