Maniche ya devuelve la confianza

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Es una pena que García Pitarch no se prodigue más en su relación con la prensa para iluminarnos. Hace unos meses en una entrevista a este periódico nos advertía: "Habéis sido injustos con Maniche". El director deportivo colchonero, en plena depresión del centro del campo rojiblanco con la consiguiente alarma general, defendía al portugués a capa y espada. Esgrimía que arrastraba una lesión en el pubis que había condicionado su rendimiento, pero que aún así era un pilar básico en el equipo. "Observen los resultados cuando él no está", decía. Lo cierto es que uno recordaba al Maniche racial del Oporto y de la Selección portuguesa y ni por asomo parecía el mismo. Sólo Aguirre y Pitarch mantuvieron su fe y O Motor está camino de devolver esa confianza.
El de ayer fue el Maniche que teníamos grabado en la retina. Ese que no vacila a la hora de lanzar un latigazo por muy lejos que nos parezca. Con el exterior, de empeine o incluso colocadito. Hasta tres veces lo intentó el luso y si no es por una pantera rosa llamada Kahriman al menos un gol habría cantado. Se lo había merecido con creces. Al fin ese fútbol nervioso y dinámico de Maniche, de aparecer por todas partes para socorrer y dirigir, volvió a ser el que le hizo ganarse el respeto de toda Europa. A lo mejor tuvo que ver la presencia de un preciso Raúl García a su lado. Decisión difícil la de Javier Aguirre a partir de ahora, porque ayer se quedó fuera Luccin y Cléber Santana estaba en la grada. Pero mejor elegir entre la abundancia y la calidad, pensará el Vasco.



