Navas tapa la fuga de Alves
De él salieron los goles de Luis Fabiano y Kanouté

Jesús Navas hizo olvidar al prófugo Alves. El niño, por fin, pareció madurar. Fue el de antes, se olvidó de la empanada mental que ahogaba su fútbol y cargó con la responsabilidad. A veces, la ausencia del padre obliga a los primogénitos a aguantar el peso de la familia. Esa obligación pareció sentirla Navas con la fuga del brasileño en busca del dinero de Abramovich. Alves dejó tirado al grupo y el niño levantó la mano y se presentó voluntario. Junto con Capel, otro descubrimiento que dará que hablar, convirtieron las alas en puñales. Capel tiró del equipo, a base de regates y velocidad, en la primera parte. Navas cogió el relevo en el segundo periodo para rematar al AEK.
La inercia de su potencial le sobró al Sevilla para superar a un rival endeble, con poquitas cosas y con Rivaldo con las horas contadas. El brasileño se limitó a ofrecer dos pases de salón de cara a la galería y se quitó del cartel a la primera oportunidad. Una sombra. Su reinado acabó hace tiempo. Un centro suyo a Julio César y un zarpazo del mismo compañero al larguero fueron las únicas presencias ofensivas del AEK en el área de Palop. Nada de nada.
Cambios del genio.
La lesión de Puerta en el calentamiento permitió a Fazio, un niño argentino recientemente proclamado campeón del mundo con su selección, salir de inicio. El central lució su talla con gusto, se mostró cómodo, estuvo en el corte oportuno y se plantó en el ataque cuando quiso. Otra promesa que aprieta.
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El dominio de la primera parte no sirvió al Sevilla para adelantarse. Era cuestión de apretar algunas teclas. El sabio Juande Ramos ofreció otra lección de cómo se puede cambiar el curso de los acontecimientos. Quitó a Maresca y a Boulahrouz, que mostraba demasiadas dudas, y apostó por Keita y Renato para comerse el centro del campo. En un minuto, el gesto táctico dio su resultado. Luis Fabiano remataba uno de los empujones de Navas. Más tarde, el niño volvió a galopar para regalarle el segundo a Kanouté. El AEK, sin recursos, aguantó como pudo. La presencia de Manduca y la calidad de Julio César mantuvieron en pie al equipo griego, poco rédito para la máquina de Juande que sigue bien engrasada. Serra se marchó sin lograr la victoria que quería regalarle a sus amigos béticos.
La fuga de Alves no despistó a nadie, que ayer casi dejó certificado el pase a la Liga de Campeones. 50 años después, el Sevilla suma otro golpe histórico. Aún quedan 90 minutos, pero el infierno griego parece poca cosa para este Sevilla.



