Bronca de espanto en el adiós a la gira
El árbitro suspende el partido a 10' del final. Un puñetazo a Javi Martínez desencadenó la trifulca

El Athletic ha regresado de su gira por Holanda sin una derrota que llevarse a la boca. Y vivo, que no es poco después de lo que sucedió en el desagradable encuentro contra el Vitesse, que se tuvo que suspender a falta de diez minutos del final tras una monumental bronca alrededor del banquillo de Joaquín Caparrós. Todo arrancó en una jugada sin aparente trascendencia. El balón estaba lejos del área. Lo peleaban Javi Martínez y Swerts, que no llevaba más que tres minutos en el campo. El centrocampista holandés atizó un puñetazo a Javi Martínez, que acabó tendido en el suelo. Le cazó en el parietal izquierdo, que es el mismo en el que recibió otro golpe mayúsculo en el pasado Europeo Sub-19. Entonces perdió la consciencia, ayer estuvo a punto de hacerlo. "Me ha dado un buen porrazo. De lo que ha pasado después no tengo ni idea, pero se debe haber liado una buena", comentó el navarro en la sala de prensa. Tenía el ojo izquierdo medio cerrado y cojeaba tras una de las múltiples tarascadas que había recibido.
Respuesta.
La agresión de Swerts encontró respuesta en Expósito, que le recriminó su acción y el follón tuvo continuidad en la zona técnica del Athletic. Uno de los auxiliares de Aad de Mos se fue a la caza de Caparrós, que había entrado al campo para llamar la atención de Swerts. Luci, su segundo, se quitó a un par de futbolistas del Vitesse de un manotazo y los empujones fueron constantes. Aquello parecía una melé de rugby. Pero en feo, porque los puños volaban entre los dos bandos. El árbitro, que durante todo el partido había sido demasiado permisivo con la agresividad del Vitesse, lo seguía todo desde el centro del campo.
La bronca fue en aumento poco a poco cuando saltaron un par de aficionados de las gradas y llegaron hasta el banquillo del Athletic, para entonces una mezcla de colores y de insultos en todos los idiomas conocidos. En ese momento, Kevin Blom mandó a todos los futbolistas al vestuario.
En el camino hacia el túnel de vestuarios todavía hubo algo de tiempo para que, entre los jugadores de ambos equipos, se intercambiaran miradas realmente desafiantes y empujones en menor escala de los que se habían dado apenas cinco minutos antes, pero que eran empujones al fin y al cabo. El público holandés no tuvo ningún tipo de duda y abucheó a los futbolistas rojiblancos cuando dejaron el campo.
Fútbol, poco.
De lo que se vio antes de la trifulca no hay demasiado que reseñar porque la prueba no pasara a los anales del buen fútbol. Pero si alguno de los dos equipos le sacó partido, fue el Athletic. A los rojiblancos les vino de perlas ponerse frente a un rival de similar categoría. Hasta ahora los amistosos habían sido contra equipos de medio pelo. En pocas pretemporadas el Athletic ha jugado choques de tan poca trascendencia como en esta ocasión. Pero bueno, el que no busca consuelo es porque no quiere. Sin oponentes de nivel es más difícil perder. Y cuando te mides a un equipo que se supone parejo y tampoco caes, pues lo normal es volver con una sonrisa.
La quinta marcha brilló por su ausencia. Y, a veces, el partido transcurrió a una tercera velocidad nada perjudicial para un motor todavía necesitado de kilómetros. Quizás es lo que quería el Athletic, que dejó claro desde el principio que su principal patrón de actuación era guardar la posición. Vamos, que de lo que se trataba era de tener una buena colocación para, a partir de ahí, ir creciendo en el juego propio.
En el ideario de Caparrós, los puntos se sacan desde la fiabilidad defensiva y el Athletic apenas pasó apuros en el Gelredome, a pesar de que fueron los gualdinegros los primeros en poner a prueba a Gorka. Sucedió en el único desajuste con mayúsculas que tuvo lugar en la primera mitad. El balón le cayó a Gommans en el borde del área y soltó un zapatazo que encontró una buena respuesta en el guardameta navarro. Es lo que tiene jugársela con equipos de Primera División. Aunque no sean cabeza de cartel, tratan de sacar punta al poco lápiz que tienen a su alcance. Eso nunca había ocurrido antes con los feriantes de Aalten, Essen o Glanerbrug, a los que les colaron 23 de los 26 goles obtenidos por los rojiblancos durante estas dos semanas que han pasado en tierras holandesas.
Solventado el arreoncito local, el Athletic fue llevando el partido a su terreno. Al principio el balón era un enemigo, pero como los del Vitesse no hacían peligro los daños fueron insignificantes. Después el equipo se puso a trabajar en las llegadas al área del dubitativo Velthuizen. Marcó Llorente y la siguiente ocasión la firmó Aduriz, con un desviado remate de cabeza. En las dos acciones participó Etxeberria, que inició el encuentro en la derecha y tuvo movimientos por distintas zonas del campo. Fue el capitán de un grupo que es el que más veces ha actuado junto durante la gira y tiene pinta de que será la base del que inicie la Liga.
Equilibrio.
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A muchos les chocará la posición de Murillo, acribillado a críticas la pasada temporada, pero Caparrós, igual que Mané, le considera un futbolista ideal para equilibrar el centro del campo en ausencia de Orbaiz, que todavía tiene mucho camino por delante para ser titular.
En la zaga, Amorebieta tuvo su ocasión después de estar toda la gira KO por lesión. Le relevó Prieto en el último tramo del encuentro, con el que se jugará las habichuelas para alinearse al lado de Aitor Ocio. La suspensión de la cita antes de que acabara evitó que varios jugadores pudieran siquiera romper a sudar.



