Decepción mundial
La Sub-20 cayó en los penaltis ante un rácano rival


La Selección española, y el fútbol en general, siguen teniendo problemas ante equipos que se encierran atrás y cuya única misión es defender. Pasó con Grecia en la Eurocopa de 2004, con el Oporto de Mourinho en la Champions de ese mismo año, repetidas veces con la maestra en la materia, Italia, y a la Sub-20 le volvió a ocurrir ante la República Checa en este Mundial.
No es lógico que un equipo que comete 30 faltas, que cede la posesión de manera descarada y que tira dos veces a puerta por 12 de su contrario, tenga la posibilidad de jugarse una clasificación a cara o cruz en los penaltis. En el boxeo se castiga al que elude el cuerpo a cuerpo y en el balonmano existe el pasivo, una normativa que fomenta el espectáculo y que evita injusticias como la vivida en Canadá y que dejó fuera a España. La FIFA debería pensárselo. Si no, sus competiciones se le poblarán de semifinales como la de esta edición: Austria-Chequia.
Por lo demás, hay que decir que a España le miró un tuerto en su afán por acceder a semifinales. El partido fue suyo de cabo a rabo, pero la falta de puntería le traicionó. Después de comprobar en la primera mitad que los checos no tenían ninguna intención de jugar y que aquello era un muro que aguantaría todo tipo de embestidas, la Selección se lanzó definitivamente cuando vio que el paso de los minutos le perjudicaba claramente. Una buena ocasión de cambiar la historia estuvo en las botas de Granero, que no pudo aprovechar un mano a mano ideal para tranquilizar los ánimos.
A todo esto, el árbitro uzbeko y el mal estado del césped ayudaron a que el partido fuese todo lo trabado y lento que quería el rival de España. No parecía el día indicado para que la FIFA fuese justa con las federaciones pequeñas. Un partido de cuartos de un Mundial requiere un árbitro de nivel y la liga de Uzbekistán no es el saco idóneo en el que escoger.
Ocasión.
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El partido estaba donde querían los checos, pero su estrategia no era perfecta y Adrián pudo mandarla al garete con un remate a bocajarro al poste que hubiese certificado el pase, pues quedaban apenas diez minutos.
No hubo manera y el choque entró en el pantanoso terreno de la prórroga. En ella prevaleció el mismo guión y más aún cuando increíblemente Kalouda puso por delante al que menos lo merecía aprovechando un córner, la única manera de hacerle daño a los de Ginés. Lejos de arrugarse, los jugadores españoles se lanzaron con más fuerza al cuello de su rival y juntaron ocasiones de todo tipo. Piqué remató al larguero, Mata sí pudo nivelar la contienda y Bueno tuvo la clasificación con un tiro cruzado que dio paso a los penaltis. En ellos el fútbol volvió a ser traicionero. De este modo, la Selección se vuelve a casa sin perder un partido y como máximo goleador del Mundial. Se puede decir que con ella también se van el espectáculo y el espíritu natural y ofensivo de este deporte.



