Copa América 2007 | Brasil - Argentina

Robinho y Messi se disputan América

Los dos llegan a la final siendo las estrellas indiscutibles del torneo

<b>LES ACECHA. </b>Baptista, Robinho y Alves se entrenaron ayer en un campo presidido por una enorme foto de Messi, el enemigo número uno.
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Brasil y Argentina dirimen hoy la supremacía en el continente suramericano. Una vieja disputa, casi tan antigua como el propio fútbol. Caída Uruguay de esta pelea hegemónica desde hace años, la final representa el clásico de los clásicos del fútbol suramericano y también del fútbol mundial. Los dos países pueblan las ligas más importantes de todo el mundo con sus estrellas y han escrito muchas de las grandes páginas de la historia del fútbol desde sus comienzos hablando de jugadores (Leónidas, Friedrich, Garrincha, Pelé, Zico, Romario, Ronaldo, Stábile, Sanfilippo, Pedernera, Di Stéfano, Kempes, Maradona...) y de sus históricas selecciones.

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Necesidad. Llegan ambas selecciones a esta final con la misma necesidad de acallar con el título su fracaso en el Mundial de Alemania, pero en diferente estado anímico y futbolístico. Argentina se presenta como la gran favorita porque Basile la hizo reencontrarse con el fútbol tocado que le demanda la historia y la hinchada argentina. Ha formado un once en el que le caben todos sus mejores jugadores. En este sentido, ha logrado que Verón, Cambiasso y Mascherano funcionen y no se estorben pese a ser jugadores del mismo corte. Tampoco tuvo problemas para hacerle un hueco a Riquelme, que se alistó a última hora y está que la rompe con su fútbol tan particular de pisarle y repisarla hasta que aparece la jugada. También ha mimado Basile a Messi, al que se ha limitado a decirle que haga lo que sabe, desbordar, y el chico se está consagrando con la albiceleste a la primera que le han dado la responsabilidad de marcar diferencias.

Si a Argentina hasta ahora le fluyó el fútbol con naturalidad, a Brasil sólo le apareció con Robinho. Dunga también juega con tres volantes de contención, pero tienen menos toque que los argentinos. Mineiro, Josué y Elano (jugará por Gilberto Silva) son una mala fotocopia del trivote que logró el tetracampeonato del mundo en el 94 (Mazinho, Mauro Silva y el propio Dunga). Brasil se blinda en el medio y en la mediapunta, donde no juega un diez clásico, una aberración para la torcida más purista. Baptista ha sacado del once a Diego y a Anderson. Es una selección muy europeizada, en la que sólo Robinho y los laterales (Maicom y Gilberto) representan la esencia de la escuela brasileña. Ausente Ronaldo y perdido Adriano, tampoco Vagner Love parece estar a la altura de lo que significa pornerse la nueve de la verdeamarela. Trabaja, pero ha fallado goles imperdonables en un Mundial. Para suerte de Dunga, Robinho también asumió la responsabilidad del gol.

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