Mundial sub-20 | España 4 - Brasil 2

Una España brasileña

La Sub-20 remontó a lo campeón y está en cuartos

<b>ALEGRÍA ESPAÑOLA. </b>Piqué abrió la esperanza para España recortando distancias. Luego vendría la gran remontada.
Aritz Gabilondo
Redactor jefe
Aritz Gabilondo (San Sebastián, 1980) es redactor jefe de fútbol internacional de AS. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra, empezó su carrera en El País y desde 2002 trabaja en AS. Ha cubierto Mundiales, Eurocopas y Juegos Olímpicos para este diario. Es comentarista de fútbol internacional en Cadena Ser, Movistar+ y Mediaset.
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Llegará una época en la que se valore lo que está haciendo hoy en día nuestra cantera, un tiempo en el que pensar en darle un baño a Brasil en la prórroga después de remontarle dos goles sea una auténtica utopía. De momento, esta maniobra épica es real, tan verídico como que la Sub-20 lo ha hecho como camino hacia los cuartos de final de todo un Mundial. Una página dorada, un día histórico que dejó la sensación, una vez más, de que algunas personas se están equivocando en los clubes españoles cuando dejan de lado a estos chicos.

Si ganarles a los brasileños no es tarea fácil, mucho más fue hacerlo como en esta ocasión. Remontar dos goles, afrontar una prórroga a vida o muerte, aguantar los arreones de talento de Alex Pato, que sin duda apunta a futura figura del fútbol mundial. Muchos fueron los obstáculos a superar, pero todos y cada uno de ellos quedaron en nada ante el arrebato de furia español. Impresionante. Para el recuerdo quedará siempre el testarazo de Bueno en la prórroga, el que certificaba la remontada y conducía a España a la siguiente ronda por la pasarela más lujosa posible.

Mucho sufrimiento. Ese instante fue el éxtasis, pero hubo que aguantar mucho sufrimiento hasta que se produjo. Primero porque Brasil demostró tener los dientes afilados cuando las cosas le van de cara. Después de tantearse los dos conjuntos, el cuadro brasileño lanzó dos zarpazos en forma de goles que dejaron temblando a España, cuya aportación más destacable hasta ese momento había sido un tiro envenenado de Adrián López, el deportivista. El encefalograma era plano hasta que Gerard Piqué mostró la luz con un tanto al borde del descanso que recortaba distancias. Quedaba tiempo y película que contar por delante.

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España no había hecho nada tan grave como para ir por debajo, pero debía perderle el respeto definitivamente a su rival si quería quitárselo de encima y acceder a cuartos de final. Con esa directriz afrontó los últimos minutos y el encuentro se inclinó cada vez más del lado español. El empeño necesitaba un gesto racial que salió de la bota de Javi García en una falta muy bien sacada sin pedir pasos y en la que los brasileños pecaron de pardillos. Un gesto de picardía que simboliza lo pronto que está creciendo esta cantera española, que ya no suele ser la víctima, sino el verdugo.

En la prórroga, los tambores de guerra empezaron a sonar. El desenlace se veía venir. Brasil se convirtió en Togo y España siguió siendo España, corajuda, atrevida. Entonces apareció Bueno. Su tanto, unido al de Adrián, catapultaron a los héroes. El honor. El orgullo. La furia.

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