El Brasil de Dunga y sus grandes miserias

Dunga renuncia a Diego y Anderson y forma un centro del campo trabajador y de pierna fuerte con Josué, Gilberto Silva, Mineiro y Baptista. Con ello se encomienda a Robinho y el día en que el madridista no aparece al equipo se le ven los colores. Me cuentan que en el descanso ante Ecuador, cuando Brasil no encontraba la manera de romper el partido, el técnico se pasó los quince minutos sin hablar. Seguro que ante Uruguay pasó algo similar, aunque Brasil ya ganaba en el descanso. Lo había hecho sin brillo, con alguna aparición de Maicon por la derecha y solo una jugada digna de la historia brasileña, aquella que acabó con un penalti no pitado a Lugano. En realidad, ya nadie en Brasil le pide a esta selección que juegue bien. Pero sí se le puede exigir la entrada de Diego o Anderson, jugadores con los que se puede tener el balón en zonas de peligro. Uruguay tiene mucho menos fútbol, pero sabe a lo que juega. Aprieta al rival y en cuando Pablo García recuperó los galones y se decidió a presionar más es un martirio jugar contra la celeste. Nos quedamos con las ganas de ver un Uruguay-Argentina, porque ahí sí podríamos descubrir hasta qué punto los uruguayos aguantan frente a un rival que de verdad mueve el balón. Porque este Brasil de Dunga con la pelota es poco más que Uruguay y peor que Bolivia. Ver para creer.



