María de la Peña

"Cuando cayó, la Real siempre se levantó"

La abogada María de la Peña (San Sebastián, 1958) defiende una causa noble: la reflotación de la Real Sociedad, club que preside desde la dimisión de Miguel Fuentes. Confía en que el paso por la Segunda División sea lo más breve posible. Mucha suerte en este loable empeño.

<b>EN EL CLUB DESDE JUNIO DE 2005</b>. María de la Peña accedió al Consejo de Real Sociedad, junto a Miguel Fuentes, en junio de 2005, aunque antes tuvo ofertas para entrar en la directiva del club donostiarra.
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Amas, Arzak, Arregi, Mendiluce y Boronat. Mi amigo Silvestre, Martínez ¿Estos también habrían bajado?

¡Vaya usted a saber! Durante muchos años nos llamaron el equipo ascensor. No conviene tampoco pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Alguno, sí. Pero no todos. Ahora vivimos la realidad que tenemos, que nos obliga a hacer las cosas bien para volver a Primera lo antes posible.

El Athletic se puso en manos de Ana Urkijo en un momento complicado; la Real apuesta por usted. Muy vasco eso del matriarcado, ¿eh?

¡Ja, ja! Sí, el matriarcado funciona muy bien por aquí; muchas familias se estructuran desde esa base y... funciona. De todas maneras, la presencia de la mujer en lugares importantes es una realidad en toda España; nuestro rol ha cambiado en la sociedad y para bien, eso desde luego.

¿La vasca es la mujer que más manda?

No creo. Pienso que todo se va repartiendo, derechos y obligaciones. Y más entre la gente joven. La presencia de Ana al frente del Athletic, y mi caso particular, confirma que ese fútbol tradicionalmente dominado por hombres se abre a la realidad de la calle, de la sociedad. Podemos presidir un club del mismo modo que podemos dirigir una empresa. Llegará un día que eso no será noticia.

¿Tiene relación con Urkijo?

Somos abogadas y nos conocimos en mi época de vocal del Consejo Vasco de la Abogacía. Hace tiempo que no hablamos, pero no por nada especial. O sí: ¡nos ha faltado oxígeno a las dos estos últimos meses!

Se supone que por tanto sufrimiento.

Claro.

¿Le satisfizo que se salvara el Athletic?

No le deseo mal al Athletic ni a ningún otro club. Primero, mi Real; después, que todo el mundo tenga suerte. La Liga sólo asegura una cosa cuando arranca: que al final bajarán tres equipos y eso es un drama. ¡Cómo le voy a desear mal a nadie! A mis amigos de Bilbao los felicité por la permanencia.

¿Cuál fue su primera Real Sociedad?

La de Martínez y compañía.

Tiempos duros.

Y también maravillosos. Que nos dejan una gran lección: cuando cayó, la Real siempre se levantó y volverá a hacerlo. En base a un trabajo serio, por supuesto.

¿Quién la llevaba a Atotxa, de niña?

Mi madre. Y después mis dos hermanos mayores. Fuimos una de esas familias que iban juntas al fútbol. Eso une, ¿eh?

¿Era chillona?

No, para nada. Me enseñaron a ver el fútbol en silencio. Hablábamos de las jugadas, de las distintas situaciones que se dan en un partido. Sólo gritaba los goles, claro.

Vamos, que en el palco será usted ejemplar.

Por supuesto. Ahí hay que saber estar; recibes invitados, representas a tu club

Con la perspectiva del tiempo transcurrido, ¿por qué bajó la Real?

No fue un problema de esta temporada, la cosa viene de lejos. No supimos asentar al equipo, los jóvenes carecieron de unos líderes que les ayudaran a curtirse. Nos falló la base, que es el equipo, el bloque. Fuimos de más a menos y, finalmente, fue imposible evitar la caída a Segunda División.

¿Hay quien es más culpable que los demás?

Para mí, no. Todos los dirigentes, todos los técnicos y jugadores trabajaron pensando que hacían lo debido en cada momento. No me atrevería a condenar a nadie por todo lo que nos ha ocurrido.

¿Ni a José Luis Astiazarán?

Todo lo anterior vale para él. Llegó, trazó un plan y no resultó. No me gusta mirar atrás. Ni pasar facturas. Lo único que vale es que estamos como estamos, en una categoría que no nos gusta y dispuestos a hacer las cosas bien para dejarla cuanto antes. Lo demás

Todo se tuerce cuando se traspasa a Xabi Alonso al Liverpool, ¿verdad?

Sí, desde su marcha empezó el bajón y hasta ahora. Perdimos a un futbolista muy importante y, encima, no supimos armar un equipo. Y la Primera no perdona.

Me dijo en cierta ocasión el portero Alberto López, ahora en el Valladolid, que el problema de la Real era que lo habían convertido en un club normal, en uno más.

Tiene razón.

¿Y?

Pues que lo que aquí funcionó fue la mezcla de lo que nos daba Zubieta y unos extranjeros que no sólo cubrían los puestos que la cantera no era capaz de cubrir, sino que marcaban diferencias. Pero la base se ha trabajado y bien. Este año ha dado buenos resultados, hay un buen movimiento ahí... Pero formamos futbolistas, no hacemos tornillos.

Ya.

Hay épocas, unas buenas y otras menos buenas. La idea de lo que tiene que ser la Real la tenemos clara, pero una buena hornada de futbolistas no sale cada año. Ni cada dos. Y luego está la economía, lo que puedes gastarte por ahí.

¿Y eso, cómo está?

Bien. El club está estabilizado tras un trabajo bien hecho estos últimos dos años, en la línea que aprobó la junta general de accionistas.

¿Cómo va respondiendo la masa social al complicado momento actual del club?

La Real es fuerte, hay mucha gente que se ha hecho socia espoleada por el descenso de categoría. La Real es una familia.

En muchas cosas me recuerda al Espanyol: cantera y buenos extranjeros. Y como dijo un día el ex presidente Fernando Martorell sobre el suyo, el club es cosa de nueve mil familias.

Sí tenemos un parecido. La Real forma parte de Guipúzcoa, además. Todo guipuzcoano tiene a la Real en el corazón, el pueblo está con el club y arrima el hombro en los momentos difíciles; esto, de toda la vida.

¿Qué han visto en el galés Chris Coleman para darle el banquillo? ¿Quizá un afán por romper con todo lo anterior?

Su fichaje, como el de los jugadores que formarán la plantilla, fue decisión de Salva Iriarte, que es el nuevo director deportivo. En el club había informes sobre entrenadores interesantes por si Lotina se marchaba, como así sucedió. Entre ellos estaba Coleman. Nos parecieron interesantes sus métodos de trabajo y algo muy importante en estos momentos para nuestro club: es un señor que transmite ilusión. Y la Real la necesita a manos llenas en estos momentos.

Ustedes y el Celta van a ser los rivales a batir en la próxima temporada: problema y acicate, claro.

Para nosotros, el panorama es nuevo. Pero la clave sigue siendo la de siempre: equipo que empieza bien en la Liga tiene mucho ganado. Espero contar con una plantilla equilibrada, con un buen ambiente en el vestuario y a jugar. Sabemos que nos espera un tránsito complicado. Pues adelante.

Es usted muy futbolera, María.

Bueno, en casa dicen que soy más de la Real que futbolera, pero la verdad es que he visto mucho fútbol en mi vida. En nuestro club siempre hubo una alta cuota de mujeres en los partidos. A mi madre la llevó mi abuelo, por ejemplo. Con el boom de los títulos de Liga el número aumentó considerablemente y, bueno, ojalá estemos poniendo ahora las bases para que nuestras jovencitas puedan vivir lo que vivimos nosotras: una Real campeona. ¿Le cuento una buena?

Por favor.

En Gijón, cuando ganamos la Liga con aquel gol de Jesús Mari Zamora en el último suspiro, perdí la voz por tres días.

¡Y eso que la educaron a vivir el fútbol en silencio!

Es que aquello fue muy fuerte. Llovió mucho, seguimos el partido al aire libre, calados hasta los huesos Recuerdo que nos quedamos a dormir allí y ya aquella noche fui incapaz de hablar. Necesité tres días para recuperar la normalidad. Noche parecida a aquella, la de la Copa en Zaragoza

¿También perdió la voz?

¡No, ya no! Ya sabía de qué iba el asunto, ¡estaba entrenadísima, ja, ja!

Bonitos años aquellos y bonita Real.

Sí, fue formidable. De aquel equipo disfrutaron incluso los que no eran de la Real, pues jugó muy bien al fútbol. Además de los errores propios, a nosotros nos perjudicó mucho la sentencia Bosman, como a todo club con vocación de cantera. Antes podías retener a los mejores futbolistas; vendías alguno, pero la base continuaba. Y si te salía una generación como la de Arconada, López Ufarte, Satrústegui y compañía, te apañabas durante mucho tiempo y muy bien. Pero todo eso pasó a la historia y ahora manda lo que manda, y hay que saber vivir en este nuevo fútbol. Y en eso estamos.

Respira usted confianza, incluso hasta buen humor pese a la que ha caído en estos últimos tiempos.

Es que no hay más remedio. Confianza la tengo toda en la gente que se ocupa de la parcela deportiva, en nuestros hinchas, también en la capacidad del consejo para dirigir bien la entidad. Y el buen humor es muy necesario. Las pasamos canutas, vivimos la gran decepción del descenso, pero hasta ahí.

Que el sol sale cada día.

Eso es. No estamos donde pensamos que merecemos estar, pero de nada sirve lamentarse. A trabajar y seguro vendrán tiempos mejores. La Real siempre se levantó, ya le digo

Es que la Primera sin ustedes La familia no está completa.

Eso me parece a mí

Suerte, María.

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Pues muchas gracias por acordarse de nosotros.

¡Cómo no!

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