Un líder nato cuyo espejo es Koeman
Amante de la pintura, le costó 18 millones al Roma


Polivalencia y liderazgo. Eso debería poner en la tarjeta de presentación del rumano Christian Eugen Chivu (Resita, 1980). Y es que este futbolista zurdo del Roma no sólo puede jugar en tres posiciones diferentes (central, lateral e incluso mediocentro), sino que desde que pateaba sus primeros balones en su ciudad natal, un enclave industrial en el oeste de Rumanía, ha desarrollado un talento natural para ejercer de comandante allá donde vaya.
Eso fue lo que vieron en él primero los técnicos del Universidad de Craiova y después el Ajax holandés. El legendario ojo clínico del club ajacied para descubrir jóvenes quedó patente cuando, a mediados de la temporada 1999-00, los ojeadores que tenía repartidos por Europa del Este telefonearon a Amsterdam con un mensaje claro e insistente: habían encontrado un talento que no se podía escapar.
Un diamante en bruto que ya había conocido, aún sin alcanzar la mayoría de edad, el lado más amargo de la vida. Dos años antes, en 1998, su padre Mircea falleció tras una dura lucha contra el cáncer. Christian se enteró del fatal desenlace en plena concentración con el Universidad de Craiova. Ese día demostró de qué pasta está hecho este rumano de aspecto afable y amante de la pintura en sus ratos libres, cuando está fuera de los terrenos de juego. Jugó el partido, marcó un gol y tras ducharse se fue al entierro de su progenitor, un ex futbolista al que Resita honró llamando al estadio local desde entonces 'Mircea Chivu Stadium'.
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Así fue un lateral inexperto pero ambicioso el que cogió las maletas, y un proyecto de enorme central el que comenzó a vestir la camiseta del Ajax. Y quién le iba a decir a Chivu que su explosión iba a llegar de su gran ídolo, el ex barcelonista Ronald Koeman, que en 2001 tomó las riendas como técnico del conjunto holandés. Chistian se sabía de memoria el estilo de juego del rubio holandés (incluso lanza faltas como él) y bajo su ala creció a pasos de gigante hasta hacerse con el brazalete de capitán con 21 primaveras. Y no iba a defraudar: conquistó un trébol histórico con Liga, Copa y Supercopa holandesa. La Eredivisie era poco para él y tras firmar una espectacular Liga de Campeones en 2003, llegando a cuartos, su nombre estaba en rojo en las agendas de Milán, Juventus, Inter y Roma. El Real Madrid lo había tenido casi firmado en el verano del 2002, pero las desavenencias entre Florentino Pérez y Valdano le llevaron a Italia.
El Roma, inmerso en una grave crisis económica, tiró la casa por la ventana pagando 18 millones de euros para intentar edificar su futuro sobre Chivu. Cuatro temporadas de luces y sombras con los gialarossi le han servido para crecer también como líder de Rumanía. Y ahora tiene claro que, con 26 años, su salto a un auténtico grande es una cuestión de ahora o nunca.



