La historia de una remontada imposible
El Madrid recortó seis puntos en un sprint de trece partidos

Tras la 25ª jornada (empate en el Calderón), el Madrid estaba a seis puntos del líder, el Barcelona. Después de la jornada 26ª (empate ante el Getafe el Bernabéu), se encontraba a la misma distancia de la cabeza, entonces ocupada por el Sevilla. Y la situación podía ser aún peor. El Madrid debía jugar su siguiente partido en el Camp Nou. En Barcelona hubo quien habló de manita. Y nadie se escandalizó. De hecho, marzo se presentaba como el mes de la aniquilación definitiva: sin Copa, sin Champions y con la Liga pendiente de un milagro.
Pues llegó. No diré que el Real Madrid que saltó al Camp Nou fue un equipo distinto porque no lo creo. Si algo habían demostrado los jugadores era su capacidad de motivación ante los grandes adversarios.
Eso sí, la transformación se produjo durante ese partido y se completó al asumir lo conseguido: zarandear al Barça en su propio estadio. Ni siquiera el empate de Messi en el minuto 90' minó la confianza. Todavía no estaba el Madrid para reparar en marcadores y puntos de desventaja. Pero sí hubo una recuperación psicológica que permitió al equipo reconocerse, primero, y gustarse, después. Gustarse mucho.
Una vez perdido el complejo, desde una revolución que se localizó en la rabia de los jugadores, el equipo dio dos pasos y aprendió a caminar; otros dos, y comenzó a correr. Entonces sí importaron los marcadores y la desventaja, algo menos el fútbol.
Es verdad: también contó la suerte. En la 28ª jornada, Robinho marcó tras un rechace y logró mucho más que una victoria: apuntó una recuperación personal que luego siguieron otros, como Beckham. Desde la rehabilitación colectiva se dirigió la resurrección individual, e incluyo la de Capello.
El siguiente desafío enlazó Alpes y Pirineos: el Madrid debía recibir al Valencia, visitar al Athletic y ser anfitrión del Sevilla. Dos aspirantes al título y un enemigo histórico. No obstante, más que por el título, el Madrid luchaba aún por mantener la esperanza.
Y no sólo la mantuvo, sino que aportó sólidos argumentos. El clavo ardía menos. Además, esa tacada victoriosa animó tanto su espíritu como afectó el de sus rivales. Cuando el Madrid vuelve, el mundo tiembla. Es ley.
Agonía.
El último episodio añadió angustia a la hazaña. En ese punto, cada victoria estaba precedida por todas las dificultades posibles. Así, el Madrid remontó un 1-3 a favor del Espanyol, con gol en el 89', y una semana después consiguió vencer al Recreativo en el último minuto.
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Pero el colmo de la agonía llegó en la penúltima jornada. El Madrid visitaba a un Zaragoza que se jugaba la UEFA y que fue fiel a su fama de buen equipo. En el minuto 87' los blancos perdían 2-1 y el Barcelona vencía 2-1 al Espanyol, lo que le hacía virtual campeón. Pero en menos de 30 segundos cambió el mundo: empató Van Nistelrooy e igualó Tamudo.
Lo del Mallorca está más fresco: 0-1 en el descanso y oportunidad de Varela en la reanudación. La misma historia, pensamos nosotros. Y el Madrid nos respondió: el mismo final. Campeones.



