Primera | Recreativo 1 - Zaragoza 1

Diego, Príncipe de Europa

El gol 23 del argentino salvó la UEFA Pase genial y decisivo de Longás Guerrero hizo el 1-0 nada más empezar Media hora con diez y noche de infarto

<b>OBJETIVO CUMPLIDO. </b>Chus Herrero lanza su camiseta a la afición celebrando el acceso a Europa.
Mario Ornat
Actualizado a

A pesar de lo cerca que estuvo el infarto, al final todas las piezas quedaron encajadas con lógica. El Zaragoza alcanzó el éxito irrebatible de la UEFA, y lo hizo con el sufrimiento propio en un equipo que ha llegado frito y diezmado al final. Esta temporada era excelente de todos modos, pero su defensa contra cualquier crítica o atisbo de frustración precisaba la culminación del camino. Cuanto más cerca está la gloria, peor se digiere un batacazo. Todo lo que ocurrió tiene explicación: la angustia de un equipo al que la Liga se le ha hecho larga, la merma de las ausencias, el estado físico de algunos, sobre todo de Diego Milito. Aun así, hasta el último día estableció el Príncipe su condición de Rey del año: héroe hasta el final, uno de los jugadores de la Liga. La pieza definitiva que encontró su sitio fue el respeto del desenlace a los méritos acumulados por l Zaragoza: con todas las deficiencias que se quieran, ha impuesto todo el año su virtud competitiva, para elevarse por encima de lo esperado. El regreso a la UEFA abre un nuevo periodo. El gol de Diego Milito es la llave de Europa y del futuro.

Del largo desenlace de la Liga hay que aprender. Es en los tramos finales donde se ganan y se pierden los grandes premios en un torneo de nueve meses. Lo demuestran el Villarreal y desde luego el Madrid. Tal aviso no se debe olvidar. La última noche fue de infarto. El Zaragoza no se manejó bien en casi ningún aspecto, y el Recreativo aplicó un muestrario completo de su repertorio, hasta que le llegó el cansancio o el despiste. Antes puso la excelencia física y técnica de Uche, la ratonería de Javi Guerrero, la armonización de los esfuerzos en el medio campo, la defensa adelantada... Quizás para el Zaragoza el problema no estuviera tanto en los principios fundamentales del juego del Recreativo, sino en su actitud. En esa levedad del que no se juega nada y se maneja por el campo ligero de equipajes psicológicos. Los andaluces jugaban ufanos, alegres, porque cualquier destino les era indiferente. Se pasaban la pelota como si dibujaran caracolas en la arena, con el entusiasmo con el que un pavo real enseña el abanico de su cola. Cuando uno se juega Europa frente a un rival así, que además mete un gol al empezar, la desesperación está asegurada.

Frustración.

Noticias relacionadas

Exactamente ese camino iba a seguir el Zaragoza. Jugaba tres partidos y durante casi toda la noche perdió los tres. El propio lo empezó perdiendo casi al pisar el campo, en el minuto 2. Luego amplificó esa impresión fatalista que siempre comunica un gol tan veloz. Había mucho tiempo, pero había poco juego. Aimar, que recogía y llegaba... poco más. El factor de la prontitud permitió al Recre desplegar velas con Uche y Javi Guerrero. Siempre lo dijimos: las parejas improbables tienen el don de lo cómico o lo genial. El control de Uche sobre la banda izquierda en la jugada del 1-0 fue un regalo para la vista. Un regalo envenenado, pero de belleza innegable. La jugada tomó fuera de cacho a toda la zaga. Uche hizo la pausa y el recorte hacia fuera, puso un tiro raso que César sacó al área pequeña y Javi Guerrero encontró el gol en la puerta del agujero, ahí donde encuentran los ratones el queso.

El resto del partido fue un extenso pasaje de frustraciones. Para qué hacer inventario: al Zaragoza, un equipo preocupado siempre por el estilo, esta vez sólo le imporaba el resultado. Víctor buscó seda y cuchillo con Longás y Ewerthon, pero el Recre amenazaba con rotunda facilidad. El arranque de la segunda mitad abundó en las peores impresiones. Se pusieron a ganar el Villarreal y el Atlético. Durante más de un cuarto de hora el Zaragoza no salió de su lado y perdió a Piqué por un agarrón a Sinama. que había entrado por Uche. En esos cambios previstos y en el aire de fiesta que tomó el estadio, respiraría el Zaragoza. El Recre se abrió por el lado izquierdo y Lafita alargó la zancada. Puso dos balones de gol que no terminó Diego. El tercero se lo regaló Longás, jugador visionario con un papel residual. Un artista de culto. Su pase liberó a Diego y Diego, roto físicamente, voleó a medias y a gol. El grito se oyó en toda Europa. Ha vuelto el Zaragoza.

Te recomendamos en Más Fútbol

Productos recomendados