Primera | Mallorca 0 - Sevilla 0

El empate más trágico

El beneficioso triple empate estuvo sólo a un gol

<b>SIN EFICACIA. </b>Poulsen intenta rematar de cabeza una de las llegadas del Sevilla sobre el área del Mallorca.
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Cuando Iturralde señaló el final del partido, los sevillistas se derrumbaron sobre la hierba del Ono Estadi. Renato se arrodillaba y a Palop casi se le saltaban las lágrimas. Juande tuvo que consolar a sus guerreros. Fue la noche más triste del Sevilla de los dos últimos años. El empate más trágico, el tropiezo más doloroso. La Liga estuvo entre las manos y... se escapó. Una puñalada trapera e inmerecida para un equipo que se vació.

Y usted dirá: ¿Me puede explicar el drama sevillista? Ahí vamos. Una victoria en Mallorca, provocaba un triple empate en la cabeza de cara a la última jornada. Con este panorama, si los tres hubiesen acabado el campeonato ganando, el Madrid se hubiera llevado la Liga. Entonces, ¿no creen que el Barça se hubiese dejado ir para no regalarle la Liga al Madrid y sí al Sevilla? Seguro. El destino puso en el camino ese deseado triple empate, pero faltó la pólvora para sentenciar un partido que nunca se le tuvo que ir a los de Juande.

El Sevilla sufrió las ausencias previas de Kanouté y Kanouté, el pinchazo de Navas en el calentamiento y la rotura muscular de Adriano en el 8' como si una ráfaga mortal de fusilería cayera sobre él. Demasiados soldados fuera de combate para doblegar a un Mallorca que había dejado las chanclas en el vestuario para ponerse las pinturas de guerra y las botas de fútbol afiladas. ¿Profesionalidad o estímulo económico exterior? Sea como sea, los de Manzano cumplieron con su obligación: salir a ganar.

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Pese a estar de fiesta, el Mallorca fue dueño del encuentro. Soltó lastre y miedos y firmó una actuación muy decente. Jonás y Arango se exhibieron con su fútbol y velocidad, convirtiéndose en un fuerte dolor de cabeza para toda la defensa sevillista: Alves estuvo lejos de su nivel; Navarro, desacertado y Dragutinovic acabó expulsado. Ibagaza lanzó su calidad y Varela su potencia. Las llegadas sobre Palop no eran excesivamente peligrosas, pero sí muy inquietantes. El Sevilla acabó el primer tiempo sin enterarse, sin tirar a puerta. Y casi toda la segunda parte también. Sin Kerzhakov ni Kanouté el gol no existía. Luis Fabiano tuvo otra noche desafortunada. Sin Navas ni Adriano se esfumaba la velocidad. Cuatro piezas claves que marcan la identidad de este equipo. Demasiados problemas. Varela y Arango estuvieron cerca de matar el partido.

Sólo la dignidad de un equipo acostumbrado a ganar, permitió al Sevilla terminar el encuentro muriendo como los elegidos. El Mallorca no se merecía perder por sus méritos, pero Iturralde se comió dos clamorosos penaltis sobre Chevantón y Luis Fabiano. El equipo se marchó hundido, aunque poco se le puede recriminar. Su ambición es inmensa. Queda una última bala.

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